¿Sabes
algo que me encanta? Cuando sin saber cómo, llego a ese remoto
retiro que se halla entre la vigilia y el sueño; esa coincidencia en
el espacio y en el tiempo; allí donde la mente se aparta del
pensamiento y se vuelve ligera, primigenia, y se reencuentra con el
cuerpo para volver a ser feto en busca de la postura perfecta. Así,
siendo uno más que nunca, mi ser flota al pairo en un mar de relax,
de calma y de sosiego. Me encanta estar en ese lugar, que es un
rincón y es un mundo, que se esconde entre las hebras del tiempo y
se disfraza de instante, pero que se prolonga y se repite tantas
veces cuando estoy a tu lado. Hace ya mucho que, cada vez más y
más, en ese remoto paraíso, donde el silencio es sólo aparente,
resuenan como cantos de sirena todos los secretos de mi amor por ti;
los mismos secretos que a menudo he susurrado en tu oído izquierdo,
que los guarda con tanto celo. Entonces me dejo llevar y yo también
canto y repito como un eco: “te quiero, te quiero, te quiero...”
Allí el mundo se concentra en mí; en ti dentro de mí; en ti, mi
mundo. Porque en ese oculto retiro no hay nada si no estás tú. Por
eso, cuando estoy allí, no quiero estar despierto ni dormido; sólo
contigo. Solo. Contigo. Pero lo que más me gusta, Amor, lo que de
verdad me encanta, es cómo a veces, cuando estoy perdido en ese
limbo, tú me traes de vuelta
con
un beso, con una caricia o un suspiro, y al abrir los ojos te encuentro
tendida junto a mí, en tu propio retiro entre la vigilia y el sueño.
Sola. Quizás conmigo.
Desvergüenzas literarias de un aficionado a la vida y la bebida.
15 julio 2013
27 noviembre 2012
La madeja de lana. (Novela Negra)
Mi
primera vez montando en el triciclo rojo; un golazo que marqué de
falta cuando jugaba al fútbol sala que hizo temblar la portería; la
cara de mis padres, mis hermanos, mis amigos, mis enemigos... en
definitiva, la de todo aquel que alguna vez me importó por algún
motivo... el que fuera; el polvazo con Irene, el mejor que he echado,
y tantos otros que darían para hacer varias “pelis” porno;
borracheras, vómitos, rayas de coca, galopadas a caballo; dos
accidentes en coche; el tiroteo del “barrio ninja”, donde mataron
a Antonio... Fue como un pase de diapositivas, miles de recuerdos que
se agolparon en mi mente en aquel instante fatídico, cuando creí
que iba a morir. Al sacarme el puñal de la barriga, comencé a ver
como mi vida huía despacio, como un hilo rojo que se escurría entre
mis manos y bajaba hasta el suelo por mi ropa. Me estaba
desintegrando sin remedio, como una madeja de lana.
Tócala otra vez, Sam. (Novela Negra. Finalista)
-Hoy no es mi día- me dije. Llevaba una hora sentado frente a la máquina de escribir y todo lo que se me había ocurrido eran infinidad de patochadas. Encendí otro cigarro, me levanté y me dirigí hacia la ventana para buscar algo de inspiración en la calle. Quería escribir una novela de “polis y cacos” y lo único que me venía a la cabeza eran frases gastadas por Humphrey Bogart y demás estrellas “hollywoodienses”. -Céntrate- pensé. -Ponte en situación-. Le di una larga calada al cigarro y fijé mi mirada en una joven pecaminosamente atractiva que desfilaba por la acera de enfrente. Aquellas nalgas sin duda las había esculpido el mismísimo demonio. Al cruzarse con el chico de los periódicos, éste debió decirle algo parecido a lo que yo estaba pensando, porque de un guantazo le voló la gorra. Dejé escapar una risita humeante por la nariz, apagué el cigarro y volví a sentarme frente al folio en blanco.
09 septiembre 2012
Tximeleta bat
Sentado
frente al ordenador, la cama queda a mi espalda ligeramente a la derecha, junto
a la ventana. La bombilla cuelga del techo y el aire que entra por la ventana
la mece como a un ahorcado junto con las sombras que me anegan. Una mariposa
nocturna acaba de colarse por la ventana y flota alrededor de la bombilla. El
olor de tu ausencia se extiende por toda la habitación desde tu almohada inerte
y muda. La miro y te oigo respirar, te veo plácida por un instante, hermosa y frágil.
Al momento siguiente sólo el aire que entra por la ventana suena en mis oídos y
la cama está yerma. ¡Curioso! Hace apenas unas horas la misma cama estaba
poblada por funambulescas siluetas. Esta noche me abandonaré sobre ella, sobre
el abandono mismo de las arrugas en las sábanas, sobre el recuerdo de noches
soleadas y días que regaban mi alma que comienza a secarse sin ti. Esta noche voy
a hundirme entre felices visiones de tus manos, tu pelo, tu espalda, tus ojos,
tus pies, tus orejas y la piel que baja desde ellas por el cuello hasta tus
clavículas. Tú. Tus hombros, tus senos, tus nalgas, tu boca, tu nuca, tus uñas en
mi espalda y tus pestañas. Tus pestañas son como las alas de esa mariposa que
da vueltas y choca contra la bombilla. La miro y pienso en la manera en que tú revoloteas
dentro de mí. Sonrío. ¿Será un hada? ¿Lo eres tú? Me he quedado un buen rato
mirándola y ha ido a posarse en tu almohada. Ha estado allí unos minutos.
Caminaba y parecía libar algo. Luego se ha ido volando por la ventana igual que
entró. Sonrío. Ondo lo egin, tximeleta.
21 mayo 2012
La Seta (On The Road)
"Es poco frecuente ver a un pitufo conduciendo un Batmobile. Y menos frecuente es que sea un pitufo de un metro noventa. Pero cosas más raras he visto. Así que... allí estaba Pitufo Filósofo, “El Alto”, en plena carretera comarcal con las manos sobre el capó de un coche de policía. ¡Verídico! Al parecer, tal y como más tarde me contaría, la noche anterior había robado una de las setas que Super Mario tiene guardadas en su bodega de Villa Bigote. Tras comerse un pedazo, robó un turismo del vecindario y huyó por la autopista A1. Su intención era, en palabras del propio Filósofo: “comerme el resto de la seta y juntarme contigo para aplastar unas cuantas ciudades de diminutos e inmundos humanos”. Así mismo me lo dijo. Y yo que casualmente pasaba por allí, pues aplasté a los policías y me lo llevé a cumplir su sueño de destrucción masiva. ¡Qué noche! ¡Un tío grande, Filósofo!"
Godzilla.
De Profesión Médico (On The Road)
Llevo tres pares de guantes quirúrgicos en mi mochila y algunos instrumentos, ahí, en el asiento del copiloto, y me dirijo a un hotel donde alojarme esta noche... Por así decirlo. Allí mismo practicaré la operación cuando me traigan al sujeto mis colegas. Ya me puedo imaginar lo que dirán los periódicos y demás medios... Pero si con ello le salvo la vida, me parece justo. Espero que estos mendrugos traigan lo que les pedí, porque si no, todo esto habrá sido en balde... el viaje, el dinero... y ya no habrá solución para Gabriela. ¡Joder! ¡Otro coche de policía! Cada vez que me cruzo con uno me sudan las manos y se me aflojan las piernas. Pero si no me van a parar... ¡Qué tontería! Bueno... es que es la primera vez (y la única espero) que hago esto. Sólo esta vez. Eso es. Por Gabriela. Además, con un solo riñón también se tiene una buena calidad de vida...
El Sacrificio (On The Road)
El cuerpo de aquel animal con las tripas desparramadas seguía conteniendo un hilo de vida. Así, decidí encarnar a la tercera de las Parcas y cortarlo de una vez por todas. Su ojo abierto y vidrioso contrastaba con el cuerpo convulso y tembloroso. Tras apartar mi coche en un lateral de la carretera, busqué en el monte una piedra de buen tamaño y pesada. Tenía que ser rápido, así que la piedra debía ser apropiada para aquel cometido. Cuando por fin seleccioné la herramienta adecuada, volví hasta donde yacía la indefensa criatura. La esperanza de que la búsqueda en el monte hubiese hecho mi labor de Parca se estremeció al descompás de sus movimientos, cada vez más leves. Respiré hondo. Temblando, levanté la piedra por encima de mis ojos para no perder de vista los del animal. Luego, un poco más... y por fin la descargué con fuerza sobre el cráneo. La radio de mi coche no acallaría aquel sonido.
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