Sueño
que me transformo en lobo. Que la naturaleza me ha hecho un
proscrito, un repudiado, hijo
de mil suspicacias. Sueño que vago en silencio por la
vida buscando un equilibrio, para mí, para todos y de todos hacia
mí. En la noche y entre nieblas es donde mejor me desenvuelvo. Me
dejo entrever, causando temor, desconcierto, misterio, atracción...
En el umbral que separa lo material y lo etéreo observo quieto el
mundo al otro lado del telón. Siempre listo para desaparecer,
deseando no tener que hacerlo. Observo con prudencia la lucha entre
el amor y el odio, con la esperanza puesta en el amor y la tristeza
volcada en el odio. Nadie quiere ser odiado. Busco un equilibrio. Un
mínimo del que partir hacia ser amado. Tal vez el respeto del
neutral. Ese sería el equilibrio de todos hacia mí. Tal vez frío,
tal vez distante...
Aparezco
y desaparezco entre las sombras para saber quién querrá seguirme y
quién perseguirme, y para saber por qué; para saber quién querrá
huir y para saber de qué. Busco en los ojos ajenos señales. ¿Quién
se adentrará en la espesura? ¿Quién dejará miedos y prejuicios de
lado y seguirá mi rastro hasta mi guarida? Anhelo a quien lo haga.
En las profundidades del bosque espero ese encuentro con los osados,
cara a cara, al desnudo. Una cita primitiva. Una comunión atávica.
Un secreto
compartido. Ese sería el equilibrio para mí. Dulce y cálido,
forjando lealtades a pecho descubierto. Entonces, cuando la luz
diluya la oscuridad, aunque la niebla permanezca, el sol me habrá
dado apariencia humana. Para ellos, para siempre seré yo.
Sueño
que me transformo en ser humano, mi forma original. Que en mi guarida
de hombre mi manada me espera. Vago por la vida en busca de un
equilibrio. Un equilibrio para todos. Un equilibrio entre los dos
seres que son yo. Al cruzar el umbral del hogar, mi manada me da la
bienvenida. Saben de dónde vengo, lo que soy, aunque para ellos
siempre seré humano. Bajo esta apariencia frágil me desenvuelvo con
torpeza y eso también lo saben, así que estilamos parquedad en las
palabras. Tal vez ese sea el equilibrio para todos. Íntimo y mudo,
lleno de señales en los ojos, un lenguaje morigerado y sincero.
Al
cruzar el umbral del hogar, mi manada se despide de mí. Vuelvo a la
noche para pensar, para ser lobo y observar. El hambre apremia y
salgo de caza. Sin remedio me ganaré la fama de inmisericorde
depredador. Así, yo habré comido y todo el mundo volverá a olvidar
mi hambre, contando cuentos de los ecos que les llegan, agrandando el
mito de la sangre. Quizás ese sea el equilibrio para todos en este
sueño que sueño despierto. No hay nadie más de mi especie. Soy un
arcano primitivo que busca ser encontrado. Aúllo y siembro el caos
para poder hallar los equilibrios que sustentan mi existencia.
Espero. Me dejo ver entre la niebla.
https://www.safecreative.org/work/2010285744276