30 septiembre 2008

La memoria del color.

Edimburgo se va oscureciendo cada vez más con la llegada del otoño. Pasan los días y el viento va arrancando las hojas de los árboles, desgarrándolas con violencia, desvelando tétricos y retorcidos esqueletos de madera. El agua de la lluvia resbala por los cristales, por las paredes y los rostros desteñidos de los viandantes. En ocasiones, un rayo de sol se cuela desapercibido a través de la estricta guardia de nubes, y el gris oscuro se vuelve verde, el marrón naranja y el cielo azul. Entonces alguna sonrisa se escapa de un pensamiento, de una memoria familiar en la que se reconoce algo inexacto que, en algún tiempo antes de este, fue vivido o soñado. Los paraguas son escudos y los anoraks armaduras. En el suelo los charcos filman el transcurrir de los días que reflejan. Los autómatas discurren por las calles y se amontonan en las paradas de guagua, donde éstas los escupen y los engullen.

Mientras trabajaba de noche en la clínica, una mujer llamó para decir que su perro había sufrido un ataque epiléptico la noche anterior. Ella hablaba con el ritmo del otoño, como quien se ha tomado más de un valium, y decía que su perro había cambiado de color.


Safe Creative #1101058200660

24 agosto 2008

Mórdor - El Olimpo; El Olimpo - Mórdor.

Inmerso en un mar de confusión me siento en mi escritorio (en realidad es el de Fernando, pero quedaría medio chungaleta, ¿no? "Inmerso en un mar de confusión me siento en el escritorio de Fernando para"...) para narrarles un episodio más de mi tumultuosa existencia. Se preguntarán a que se debe esta confusión... ¡¡¡¡¡¿ a que sí curiosoooones?!!!!! Pues se debe simple y llanamente a que el retornar de Tenerife a Edimburgo, después del verano, no es moco de pavo. Dicho así suena comprensible. Es fácil imaginar que pueda resultar duro y, o producir pesar el dejar un lugar en el que el sol brilla casi todos los días, un lugar que atrae a los turistas, para ir a otro lugar donde el turista es el sol, que viene de visita de vez en cuando y que se pierde entre la población local de nubes a menudo. Pero es que este verano no ha sido un verano cualquiera. Este ha sido un verano extrañamente especial. Y lo extraño es que, aún habiendo tenido maravillosos veranos anteriormente, éste se me antoja extraordinariamente olímpico. Nada tiene esto que ver con Pekín o con el deporte. Cuando digo olímpico me refiero al Olimpo de los dioses griegos a donde ascendían los héroes mitológicos. Todo comenzó aquí mismo, en Edimburgo. La selección española de fútbol ganaba la eurocopa y yo me abrazaba a Mari, la única española que había junto a mí en aquel bar. Todos estaban de viaje en alguna parte, y el mariconazo de Fernando estaba de viaje en Viena viendo la final (aún recuerdo el mensaje en el buzón de voz: "Migue, soy yo Fer, que era para desearte un buen verano y que lo pases muy bien en Tenerife con la familia... que yo me voy hoy pa' Madrid y de allí para Viena pa' ver la final... ya te contaré. Cuídate. Un abrazo." Cabrooooooooooooooooooonaaaaaaaaaazooooooooooooooooooooo). Como Mari no tenía muchas ganas de salir intenté convencer a François, un amigo franchute que también vio el partido con nosotros, pero le acompañé a su casa, cenamos y ya no quisó salir. Con semejante panorama, tuve que armarme de valor y salir yo solo... ya ven... ¡¡¡¡así de duro me he vuelto!!!! hihihihihihihi Pues dicho y hecho... me eché a la calle y me dirigí a un "pub" donde sabía a ciencia cierta que habría 22.345 españoles celebrando el acontecimiento. Una vez estuve en el bareto, tardé menos de dos minutos en encontrarme al primer conocido... y luego otro y otro y... muchos desconocidos, pero daba igual. Saltábamos y gritábamos todos juntos. Australianos, portugueses, escoceses... todos juntos bailando "Paquito el Chocolatero" y demás éxitos nacionales españoles, incluido el "Güíar de Champion Mai Fren". Hubo mucho jolgorio y "buen rollito", hubo pintas de cerveza y algún chupito, pero señores, ¡¡¡de lo que no cabe duda es de que hubo una gallega que me puso palote!!! ¡¡¡¡¡¡O lo decía o reventaba!!!!!!! Bueno... prosigo. Al día siguiente la resaca se tornaba dulce y agradable con el hacer el equipaje. Que si el cepillo de dientes, que si las cholas, que si unos clazoncillos monos... Y casi sin darme cuenta me había subido al avión que me llevaría hasta Madrid. Los primeros maravillosos días en España y olé coincidieron con mis primeros días en España y olé. Esto es, días de relax en casa de mi hermano y mi cuñada con mi sobrina. Poco después nos uniríamos a mis tíos y mi sobrino para ir al parque de la Warner. Montañas rusas, caida libre, chirimbolos que te dejan patas abajo y te menean pa' un lado y pal'otro, chismes que te sacuden y te dan vueltas... ¡¡¡¡una cooooosaaaaaaa!!!! ¡Disfrutamos más mi hermano y yo que mi sobrino! Y también pude disfrutar de los manjares culinarios que desde entonces hasta que tuviera que tornar a Mórdor, me delietaron cual ambrosía de chocolate Tirma. Despedí a mis tíos y me dirigí al encuentro de mi buena amiga Begoñuza. Ella siempre me saca por los madriles, y curiosamente, no sé cómo tomármelo, me suele llevar a Chueca. Pero es que la verdad es que siempre que vamos lo pasamos genial. Este año me pase de jueves a sabado por allí pululando (como una mariposilla). Estaba lleno de gente por aquello de que era el fin de semana del Orgullo Gay. Había desde travelos feos como garrapatas hasta lindas muchachas (que si que eran mujeeeeres), parejas de todo tipo y familias paseando. Había también señores bigotudos con atuendos de cuero, doncellas musculosas, mujeres de pelo en pecho y reinonas del carnaval. De hecho era un poco como carnaval pero con muchas más locas. Fueron tres días de gran goce... ¡y ya que estaba me operé las hemorroides! hihihihihihi (Que es que... ¡bien les gusta, cochinillos! Noooo, no me dieron por la culaaata). Aparte de con Begoñuza, además me reencontre con Eva, mi amiga hungaro-eslovaca. Dos noches pasé en su casa. Dos noches dormí en su cama, la cual me cedió muy cortésmente mientras ella dormía en el sofá del salón. Y de Madrid volví mi nave hacia el sur y me encaminé a Accitania. Allí me esperaba mi fiel amigo Juane, quien me alojara en su humilde morada. Juntos fuimos a Almería, donde su tío nos hospedo en su chalé con piscina. Mientras el bueno de Juane iba a la ciudad para hacer un curso en la universidad, yo reposaba o pasaba las horas dando volteretas y haciendo el pino en la piscina. Así pase cuatro duros días. ¡¡No lloren, muchachos, que pude escapar con vida!! hihihihihihihihihihihiihi Pero entre cabriola y cabriola me jodí la espalda bien jodida (que sé que esto les gusta máaaaas, ¡cabroncetes!). Así descubrí que no puedo tomar Nolotil (ya ves mamá, se me hincho el párpado ligeramente) También fui herido por una avispa, un terrible monstruo alado hymenoptero hijo de la gran puta, que me pico en la cara interior del muslamen. Maltrecho y con la ayuda de Juane El Fiel y algunos de sus amigos, marché a la ciudad en busca de ayuda de algún druida. ¡Y qué druidas, oigan! Ponían unas tapitas con las pócimas y brebajes que estaban pa' chuparse los dedos hasta la muñeca. Aquellas pociones nos hicieron entrar en trance... y en una discoteca. Juane y yo regresamos a Accitania, donde continué mi tratamiento. Muchos se nos unieron y a muchos hube de despedir cuando partí para Hispalis. Dianona sería mi anfitriona en está ciudad. Visité Itálica, antigua ciudad de emperadores, y bebí cañas para sofocar el sofoco. Pero el sol, que a tantos se les antojaba cruel por su fulgurar desmedido, a mí me acariciaba, relajándome y avivando el alma que Mórdor, con sus sombras, había subyugado violentamente. Vi tormentas de verano. Escalé pa' los lados. Dio mucho de sí mi periplo por las tierras del continente en España y olé. Pero llegó el día en que mi nave hubo de poner rumbo a mi isla, mi reino, mi Tenerifítaca. Un día que esperaba con sosiego pero con ansia. Era jueves cuando llegué y me reuní con mis amados padres. Y era jueves cuando me reuní con mis amigos. Y el jueves dejó de serlo y se hizo viernes en La Laguna, donde fuimos a parar Juanito Carlos El Bravo y el menda lerenda. Tras el viernes vino el sabado y luego el domingo... ¡Cosa curiosa! Y hay fragmentos de este relato que es mejor no mencionar (porque me van a dar las uvas) pero que quedarán en la memoria de los héroes, y serán transmitidos por la tradición popular. Fragmentos que hablan de playas paradisiacas, de carros sin rumbo conducidos por guerreros de la oscuridad, de manjares del mar y la tierra, de sopa marinera y de vino peleón... Pasaré ahora a narrar la más sobrecogedora aventura que me aconteció durante este viaje olímpico: En una nave tripulada por un puñado de gente, ¡¡¡que tenía hasta bareto el barco!!! (¡ya no es lo que era aaaantes con su trinquete y su velita y su palo mayor y su aqueeeello hombre...! )... pues en esa nave salí de puerto con mis eternos compañeros de fatiga, Juanito Carlos El Bravo y Jaimish El Implacable. Nos dirigíamos a la isla de Gran Canaxos al encuentro de seis hermosas jovenes. Y como ya habrán adivinado todos, ibamos que echabamos chispas. Al desembarcar nuestro carro en las costas de Gran Canaxos, los relinchos de nuestros caballos... ?¿?¿?...¡¡¡¡¡está bieeeeeeen!!!!! Al desembarcar el carro en las costas de Gran Canaxos, nuestros relinchos resonaban en los acantilados. Nuestros ojos inyectados en sem... sangre echaban fuego y las venas se nos marcaban por todiiiiiito el cuerpo. Las doncellas en cuestión tenían de veinte a veintitres años, con lo cual nos habíamos equipado con montones de halagos, píldoras para dorar y paciencia para soportar conejadas. Incluso llevábamos nuestras lanzas en alto por si había que luchar con algunos competidores (¡¡¡mal pensados!!! ¡¡¡Todo el rato igual!!!). Por fin llegamos a nuestro campamento. Allí dejamos nuestros bártulos y Jaimish El Implacable descansó. Pero Juanito Carlos y un servidor nos fuimos al encuentro de las codiciadas muchachas. Había trabajo que hacer y teníamos poco tiempo. Ahora bien, el por mí tan esperado momento de conocerlas había llegado. Nosotros ibamos hacia la playa y ellas volvían. Ellas, seis, volvían con sus bikinis. Ellas, las seis sirenas, volvían con sus preciosos cuerpos de ninfa a su morada. Poco a poco nos fueron hechizando... primero una de ellas, la más hermosa a mi juicio, cocinandonos arvejas, luego las otras paseando pa'quí y pa'llá con sus trapitos. Más tarde en la piscina de los apartamentos con sus cuerpitos de hada y sus pechitos dorados, con sus voces, con sus risas, con sus colchonetas mágicas... Y vino la noche y se vistieron de gala. Jaimish, que aún no había caido preso del encantamiento, se unió a nuestro vagar por las Llanuras Eliseanas al ver a las sirenas desfilar ante sus ojos. Cenamos (que el Jaimelonsi se curró una ensalada de pasta de padre y muy señor mío). Liras, arpas y flautines hermoseaban la velada. Los tres Guerreros habíamos quedado felizmente desarmados. Y salimos y recorrimos las calles junto a las sirenas. Y de las calles fuimos a las tabernas y bailamos. Los ojos de los tres solo veían a las seis. Así, esa noche acabo y dejamos a las sirenas en sus aposentos. Mis compañeros y yo nos fuimos a nuestro campamento. No quieran saber cómo ocurrió ni por qué, pero antes de que El Bravo se durmiera placidamente en una silla de la terraza, y de que Jaimish y yo nos pusieramos a ver el tenis por la tele, un ataque de locura transitoria me llevó a ponerme un tanga con lo de alante pa'trás, con looo de alante pa'tráaaaaaas y nada más. Al reconocerme yo mismo y mis amigos de aquella guisa, el ataque de locura se torno ataque de risa con lágrimas y mocos y revolcones por el suelo. Vino el día, nuestro último día en Gran Canaxos, y nos daban la patada en nuestro campamento. Entonces nos trasladamos a la morada de las sirenas. Cuando llegamos ellas aún dormían... pero a medida que se iban despertando y se paseaban por las estancias con sus trapitos de dormir, a El Implacable los latidos del corazón le iban inflamando el pecho. Pero mi pecho también se prendió fuego al comtemplar una vez más a La Princesa. La princesa de las sirenas que cocina arvejas, así se la podría describir. Con ellas fuimos a la playa a coger olas con las colchonetas mágicas. Hice una escultura de arena con ellas mientras me untaban arena por la espalda. Paseé por la orilla del mar con la Princesa y floté en su colchoneta sobre su regazo. El tiempo pasaba y nuestra nave zarparía pronto, pero el hechizo nos mantenía encadenados a la orilla del oceano. Finalmente, en un acto de gran valor, quizá la mayor de las proezas perpetradas jamás, los tres Guerreros abandonamos aquel universo más allá del universo para volver a Tenerifítaca. Las sirenas, que eran nativas de mi isla, pasaron los últimos días con nosotros antes de que yo partiera hacia Mórdor nuevamente. Primero cinco de ellas (una quedó en Gran Canaxos), luego cuatro, porque La Princesa tuvo que partir para la península. He de decir ahora que no fueron sólo sus encantos físicos los que nos embrujaron, pues eran sabias, dulces y amables. Con mis amigos de siempre también compartí mis últimos días... hasta que llegó el último. El definitivo. Y los vientos me empujaron sin remedio hasta Mórdor, donde ahora me encuentro. Creánme si les digo que aún oigo las voces de las sirenas, que aún las veo. Aún se me aparece entre sueños La Princesa. Porque aquellos que habiendo conocido Las Cadenas de Gran Canaxos consiguen escapar, siempre llevarán grilletes en su alma. ¿Quién querría cambiar los Campos Elíseos por Mórdor?

Safe Creative #1101058200561

04 mayo 2008

Telegrama.

Hemos ganado la guerra a los Mikis. Aquellos que no cayeron en el campo de batalla se han retirado a campo abierto, donde ahora hacen caquita sin ensuciar las cocinas ajenas. Ambos bandos hemos depuesto las armas y cesado las hostilidades, pero las armas de destrucción masiva siguen conservándose por si las moscas. Miguel Ángel, el sujeto de esta frase, ha ido a una fiesta, el predicado con su complemento circunstancial de lugar. Era una fiesta de disfraces. Miguel Ángel no tenía disfraz. Miguel Ángel, de ahora en adelante MA punto, no tenía ni idea de que la fiesta era de disfraces. Anna, la compañera de MA punto, tenía una peluca. La peluca no era de Anna. Anna cedió la peluca a MA punto. MA punto se puso la peluca y bailó. En la fiesta había "una" disfrazada de la martirio o algo parecido. MA punto bailó con la martirio. La martirio iba de dura de pelar. Era madrileña y chulita. MA punto tenía escondido un as en la peluca. Mientras sonaba música chumba chumba, MA punto y la martirio bailaron un chotis. Martirio se fue reblandeciendo. MA punto peló a la martirio y se la comió con papas fritas. Cuando MA punto se hubo cansado de la fiesta que quedaba a un paso de su casa, MA punto le dijo a martirio: "me voy a casa". Martirio no tomó en serio a MA punto, que se fue a sobar y dejo a martirio mirando pa'l techo. Así se las gasta MA punto!!!!! Tiempo después MA punto y martirio coincidieron en una discoteca. ¡¡¡¡¡¡¡?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿!!!!!!!! Martirio dijo: "me dejaste muerta cuando te marchaste el otro día. No me lo podía creer". MA punto estaba a la caza y captura de una Chicharrera y no le dio bola a martirio. MA punto se fue a casa a dormir. Hace unos días MA punto no iba a salir porque no tenía ganas. Hace unos días MA punto salió porque le convencieron. Hace unos días MA punto estaba en una discoteca con sus amigos. Hace unos días una alemana estaba en la misma discoteca que MA punto y sus amigos. Hace unos días MA punto y una alemana empezaron a hablar en la discoteca. Hace unos días MA punto y una alemana bailaron en la discoteca. Hace unos días MA punto y una alemana se refocilaron en la discoteca. Al día siguiente de hace unos días MA punto fue a ver el fútbol con sus compañeros de piso. Y entonces... entonces pasó ella por la calle. Estaba yo frente al portal con mis compañeros de piso despidiendo a una amiga que se marchaba, y a lo lejos aparecío la Valquiria. Aquella joven mujer germana que conocí una noche que salí con Fernando. Alta, rubia, sudorosa... con sus tenis de correr y sus mallitas de correr y un sueter gris de correr también. Deduje que venía de correr. Cuando hubo llegado a nuestra altura no pude evitar mirarla a los ojos, que me encontraron mirándola. "Esa es la alemana del Espionage", me dio tiempo a decirle a mis amigos antes de que repentinamente la Valquiria se echara a correr ?¿?¡?¿?¿?¿ Como si le hubieran pellizcado el culo, pegó un respingo y avanzó al trote unos diez pasos, luego al paso otra vez hasta ¡¡¡SU PORTAL!!! ¡¡Es mi vecina!! ¡¡Vive en mi calle!! ¡¡¡¡¡¿¿Por qué corrió al cruzarse conmigo??!!!!!! La próxima vez la pienso parar y decirle que si se toma un "cafele" conmigo, que somos vecinos y entre vecinos se estila mucho el conversar y tomar café. Que si quiere designarme como el heroe que ha de morir y escanciarme el vino en su cielo. Al día siguiente a este día MA punto había quedado con una alemana. MA punto y una alemana fueron a cenar. MA punto y una alemana fueron a casa a tomar té. MA punto y una alemana charlaron. Una alemana hablaba por los codos y MA punto asentía con la cabeza. MA punto tuvo que llevarla al cuarto y punto.


Safe Creative #1101058200714

21 marzo 2008

Carta a Iván.

¡Hola, niño! No te voy a preguntar cómo estás. Te voy a hablar de cosas. Es que estoy buscando mis endorfinas. Ocurre que las he perdido... pero no del todo. Es muy raro. De repente no las veo por ninguna parte y al momento siguiente... tengo la sensación de haberlas encontrado. Pero nunca estoy seguro. He estado indagando... preguntando por ahí. A mí fue al primero que le pregunté, lógicamente... pero en vista de la falta de respuestas convincentes empecé una búsqueda. A mis amigos de aquí les pregunté, pero creo que como hablo bajito no me oyeron, así que ahora se están preguntando ellos qué es lo que dije. Por mi cumpleaños me fui a tomar unas cervezas. En realidad ya no era mi cumpleaños, ¡pero eso que más da! La cosa es que le pregunté a la madre y me respondió con más preguntas. ¡Muchas preguntas! Te diría alguna de ellas, pero en este momento no las recuerdo... la madre es olvidadiza... yo soy olvidadizo. También le pregunté a Juan Lius Guerra. Él tenía algunas de mis endorfinas... pero algo me dice que no las tenía todas. Me dio las que pudo ¡y las disfruté tanto! Tanto que lloré mientras me reía. Tuve que sacarme una foto de ese momento porque fue único. Supongo que lo disfruté. A lo mejor te estás preguntando que porqué te escribí a ti. Porqué esta carta. La respuesta es tan sencilla como que te escogí de entre todos mis amigos... que gracias a mí tengo muchos... te escogí de entre todos mis amigos cuyo nombre empieza por "I" y termina por "ván". Ya ves lo que son las cosas. La vida está llena de casualidades. Me acabo de quedar en blanco... ¡ah sí! Esta es una carta de pensamientos. Pienso, luego escribo. Perdí tus dibujos, pero eso ya lo sabes... algunas de mis endorfinas estaban allí, en ellos. Esas no las puedo recuperar, pero las sustituiré si puedo. Creo que la madre me ha estado hablando mientras dormía... aún esta mañana me hablaba. Pero sólo me hacía más preguntas. Nunca te he dicho que te quiero... o sí. Te lo digo ahora. Hay mucha gente a la que quiero y a la que nunca se lo digo. A algunos quizá no se lo diga nunca. Yo soy así. ¡Así de subnormal! Creo que el meteorólogo también sabe algo de mis endorfinas. Él tiene algunas también. ¡Estoy seguro! Me gusta celebrar mi cumpleaños varios días. Por cierto... tengo un cuadro de una mujer en mi cuarto... es abstracto... de colores...un estilo cubista. A ella le pregunté también. Me sonrío pero no me dijo nada. No sé qué significaría eso... su sonrisa digo. Perdona que te haya hecho esperar... es que fui a hacer pis y resultó que no era lo único que quería hacer ¡ja! Es que acabo de encontrar una endorfina rodando por el suelo. Bueno... como te iba diciendo... esta mañana mientras escuchaba a Juan Luis Guerra me imaginaba esta carta. No sé si se parece en algo a esto... la carta que imaginé me refiero. Creo que un poco sí. Mientras cagaba también imaginé un poco... hihihihihhihi ¡qué poco romantico! Te imaginas a Becquer escribiendo sus verso en el retrete. Por cierto... que de dónde sacaría ese apellido ¡¿no?! Bueno... En el baño, ¡me miré en el espejo y vi un señor tan raro! Mientras oía a Juan Luis Guerra y me reía me sangró la nariz... y eso me dio mucha risa... más que Juan Luis Guerra. Estoy hablando con Fernando. Son las tres menos diez. ¡Ah! Le pregunté a Claire, una amiga irlandesa, por mis endorfinas, pero ella simplemente no me ha contestado. ¿No te da rabia cuando no te acuerdas de lo que habías pensado cuando cagabas? hihihihihihi A mí sí. Muchas de mis endorfinas entán en esta carta. Las voy encontrando entre las letras. De todos modos le voy a preguntar otra vez a la madre... me apetece. Pero no te preocupes, tú sabes que me cuido. Ayer un tipo me preguntó que si quería hierba o ácidos. Así... mientras caminaba por la calle... a plena luz del día. Esas no eran mis endorfinas... eran ajenas, así que le dije que no. Es la segunda vez que el mismo tío me pregunta lo mismo. Debo tener pinta de drogata hihihihihihihi. Me gusta cuando las cicatrices se me ven cuando hace frío. Está nevando y es 21 de marzo. Ayer mientras estaba de parranda me encontré con una chica que estuvo en clase conmigo el año pasado. Me prestó sus endorfinas. Es española. Medio gitana medio paya, so to speak! Con Juan Luis Guerra bailé... en la cama y luego también de pie. Yo solo como si bailara conmigo mismo. Creo que la nariz me sangró porque estaba siendo famoso en ese momento. Fue como un toque de atención... como diciendo... ¡eh tú! ¡no seas tan famoso! hihihihihihhihi Y me gustó... ser famoso. Pero no mucho... un poco solo. En este preciso instante acabo de reflexionar sobre la importancia de las tildes. ¡Me chifla! Son tan sutiles si uno quiere. Y las comas... y los puntos... y los tres puntos... hihihihihihihihihihihihihhi A lo mejor te sigues preguntando porqué te escribo a ti esta carta. Yo me lo pregunto y me respondo que te quiero. Y me gusta quererte. Y me gusta querer. Creo que muchas de mis endorfinas las perdí queriendo. Es que tengo mucha gente a la que querer... ¡Joder! ¡Qué suerte! Por cierto... dile a las niñas que elegí perderme sun infancia por una buena causa. Las quiero también, Ivan. Y a Tazirga. Díselo. Esta carta es muy larga... ¡pero la escribiría tanto!... con tanto detalle... con tanto amor... Tan llena de preguntas. Es por las endorfinas. Me gustan y aquí las encuentro. Hablando contigo. Me hice una marca con bolígrafo para acordarme de esta carta. Ya sabes que soy muy olvidadizo. Me gusta vestir con vaqueros y ser limpio y no preocuparme por la moda. ¡Creo que me adoro! hihihihihihhihihihihi Eso está bien si es amor puro, ¿no? hihihihihihihihi Conozco a personas que se dejan grelos para buscar endorfinas en ellos... no sé si me gustan esas personas. No me gusta la gente que se deja seducir por las apariencias... no las que ven, sino las que se imaginan. Ayer alguien que conozco dijo que no tendría nada con una persona gorda porque su vida y la vida sedentaria de esa persona gorda no serían compatibles. Yo no tendría nada con una persona gorda que no me gustara... lo cual no es difícil si pensamos que no me suelen atraer las mujeres gordas. Pero no me justifico... no sé. ¡Qué fácil es justificarse! Me acepto como soy... así me quiero. Así me tienen que querer... como tú lo haces. Como lo hace Arturo y Alicia y mis hermanos y mis padres y Jaime y Juan Carlos y Joni y Cristobal y Noemí y todos. Les echo de menos. Una buena causa cuesta esto. Mi sobrina... la hija de mi hermano (tengo tres sobrinas)... Siempre hay que sacrificar algo. O quizás no siempre... Cuando construya mi vida la construiré intentando no sacrificarla. Bueno... esta carta se está tornando aburrida. Voy a tener que dejarte y comer algo... que tengo ganas de preguntarle a la madre por mis endorfinas. Ya sé que ella no las tiene, pero me divierten sus preguntas. Ya sé que las endorfinas las tengo yo. Las escondí... por experimentar. hihihihihihihihihihihihihihihihhihi Hoy voy a liberar unas pocas... creo que me lo merezco. Iván, las endorfinas están en la mente. ¡Te das cuenta! Pero... ¿quién controla su mente? No sé si quiero controlarla. Cuando lloré está mañana me gustó. Hasta pronto. Siempre hasta pronto.


Safe Creative #1101058200691

20 febrero 2008

Mojo canario.

Hola, mis pequeños petirrojos. Con la chaqueta puesta dentro de casa, me dispongo a contarles una vez más lo que en estas tierras de faldas a cuadros y vacas peludas me acontece. Lo primero que me gustaría contarles es una noche de mucho éxito que tuve hace unos pocos fines de semana. Ciertamente, mis queridos pitufitos, fue una noche en la que me sonrieron algo más que los astros. Todo comenzó cuando salí de casa con Boni y Mari (alias "La Piri"). Los tres juntos nos dirijimos hacia un bar conocido de todos que se llama Pivo, que pa' aquellos que no han estado en la República Checa, como yo, aclararé que significa "cerveza" (pa' un viaje que hago, ¡coño!, tendré que contarlo. ¡¿no?!). Allí nos encontramos con mi otra compañera de piso, Anna, y su novio Carlos... y a su vez, al encontrarnos con ellos nos encontramos con más gente amiga de Carlos... En resumidas cuentas, había tres checas amigas y, o conocidas de Carlos. En este punto donde nos encontramos debo, con su permiso, extenderme en la descripción de las chatis en cuestión, pues lo de checas puede quedar en una anécdota si no se mencionan los detalles. Eran tres, dos más que una, mujercitas de una estatura no superior al mentro y sesenta y cinco centímetros, rubiales de ojos azules y dentaduras de anuncio enmarcadas en caras de facciones armómicas. De sus cuerpos feéricos, resaltaban rocosos dos pechos de tamaño estándar (seis entre todas) como bollos suizos, y las espaldas cóncavas se encontraban con las piernas en unos culos redondos y macizos en mitad de las caderas (tres culos con sus seis nalgas, seis piernas, tres espaldas y seis caderas). Pues ante tal pleno de máquina tragaperras ma encontraba yo, cuando nos fuimos sólo Carlos, Anna, Boni, Mari y yo a un bar de mayoría homosexual (sin ánimo de ofensa a los truchones), al que había prometido ir antes de salir de casa. Aún habiendo mencionado los detalles, lo de las checas quedó en una anécdota y como ya he dicho, me sonrieron algo más que los astros.

Tiempo más tarde, trabajando en uno de los estadios de fútbol conocí a una joven. Recuerdo que aquel día también trabajaba Agnesca, una polaca que lleva la corbata un poco desfajada y el último botón de la camisa sin abrochar... ¡a lo que iba! Conocí a una joven alemana y por una casualidad, mi campo visual se cruzó son su campo nalgatorio. Se preguntaran que porqué digo esto. Pues lo digo porque me acuerdo. El amor a primera vista viene después... o no. Pues sucedió que varios turnos más tarde salí con ella y con Bartek, un compañero polaco, a tomar algo. Resulta que, aunque de ascendencia alemana y a pesar de hallarse su hogar en alemania, la joven nació y se crió en Rusia hasta los dieciocho años. Y hasta aquí puedo leer... solo diré que soy una gota de agua cayendo sobre una roca ruso-germana que parece erosionarse poco a poco...

He aprobado todas las asignaturas del primer trimestre y la agencia me está dando poco curro.

El pasado fin de semana, y más concretamente el viernes, estábamos en casa Fernando, Boni y yo. Boni esperaba a que Juliana viniera a recogerla para salir y Fernando y yo pululabamos por aquí y por allá sin ningún plan en absoluto. Llegó Juliana y se fue con Boni. Fernando y yo, tras despedirlas, no pudimos reprimir el gusanillo, nos miramos a los ojos y como si de un solo cuerpo se tratara, con una sola voz dijimos: ¿Qué? ¡Vamos a hacer algo! ¿no? Acto seguido bajamos a la tienda de comestibles a comprar bebibles. Tras una fase de garimbización moderada, los dos nos marchamos a un garito cercano. Dicho garito estaba prácticamente vacio, aunque algunas de las pocas mozas que allí había, nos trataron de seducir. Pero la situación no era propicia para el divertimento intelectual que nosotros buscabamos, así que decidimos marcharnos a una antro-cutre-mercadodelacarne-discoteca, curiosamente también cercana. Y fue allí, bailando yo como Tony Manero, donde se me acerco una joven mujer germana. Nos miramos, nos presentamos, bailamos y... NOS DIMOS UN ARRUMACO DE NO TE MENEES. Tras este forcejeo lingüístico, la muchacha hubo de partir, no sin antes anotar mi número de telefono. En aquel estado libidinoso en el que me habían dejado, encontré unos ojos que me miraban. Eran unos ojos polacos. Eran unos ojos de mujer... de mujer hermosa... ¡Qué noche la de aquel día! Coqueteamos y una vez tuvo que partir, ella quiso que yo le diera mi número de telefono. Así estoy de chuleta. Repartiendo mi número y si quieren que me llamen, que a mí me sobran los guayabos como ellas. La líbido ya me la bajé yo solo, pero esta sensación de ser un Paul Newman no me la baja ni Dios. ¡¡¡Tengo mojoooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo00!!!


Safe Creative #1101058200622

23 enero 2008

Cheroki Jorquera Style

Después de mucho tiempo, vuelvo a dedicarles unas lineas. ¡¿Y por dónde empezar a contarles?! La verdad es que no es fácil esto de escribirles las cosas que me pasan. Y menos fácil es cuando estás en una biblioteca pública sentado al lado de una esquizofrénica. ¡No lo digo por decir! El otro día (hace unas semanas) estaba yo en uno de los ordenadores de la biblioteca y dos ordenadores hacia mi izquierda había una mujer. El ordenador de en medio no estaba ocupado porque no funcionaba, ¡y menos mal! A mi derecha había una señorita haciendo un trabajo. Pues resulta que mientras estoy imprimiendo unos documentos que necesitaba con urgencia, la señora a mi izquierda empieza a farfullar algo a lo que al principio no presté mucha atención. Pero en vista de que la susodicha continúa con la retahíla, le hecho una mirada furtiva. En ese mismo momento agudizo mi oído y escucho con claridad como la señora, en perfecto inglés (que ya lo entiendo mamá) británico, habla de asesinatos y mujeres asesinadas y de estadísticas... Miro al monitor de mi computadora y ella erre que erre. El tema de su discurso me resultó un poco llamativo, pero que se lo estuviera contando al ordenador y su tonillo de voz... ¡uy uy uyyyy! ¡No sé! Como que me dio un poco de repeluco. Entonces, un poco intrigado y anonadado, vuelvo a mirar de reojo a la personaje en cuestión (que seguía con su rezado), y ésta al darse cuenta de que la estoy observando, me mira por unas décimas de segundo y con su mano en la forma de quien sostuviera una pistola (digamos un Smith & Wesson), chasquea la lengua y se vuelve a girar hacia su monitor. ¡Por lo menos no me pellizcó! Yo creo que tengo poderes. Sí. Lo que no sé muy bien es para que carajo me sirven, pero tengo. Eso de atraer taraditos debe tener algún modo de ser aprovechado. Acepto sugerencias. A todas estas, la chica de mi derecha, mosqueada como una china, me preguntaba que si la "chiflis" me estaba hablando a mí o a ella... "¡oiga, ¿está hablando conmigo?" Le preguntaba la joven a la señora rarita. Allí las dejé a las dos para que se hicieran amigas y quedaran pa' una puñaladilla amistosa más tarde.

Mis poderes son incontrolables. Soy como el superman jovencito de la tele. Tengo que encauzarlos de alguna manera... ¡¿Y quién sabe si tengo más?! A lo mejor puedo absorber los males de los demás y luego expulsarlos en forma de serrín por mi boca. ¡¡¡¿Y si fuera un tío negro muy grande y no lo sé?!!! Bueno, la cosa es que por ahora solo se ha manifestado mi poder de atraer a los tarados. La siguiente vez fue en el tren. Yo me disponía a viajar a la tierra perdida de "tomar por culo", allí donde me enviaban a hacer prácticas, asi que tomé el tren como de costumbre. Al ver que la mayoría de los asientos estaban ocupados decidí sentarme en frente de una... por ahora señorita, en uno de esos asientos que están enfrentados y que tienen una mesita en medio. En el mismo momento que me estaba sentando me di cuenta de que la joven (bueno, ¿eso hasta cuando es?), tenía las piernas estiradas ocupando todo el espacio debajo de la mesita hasta mis pies. Pues allí estaba ella más fresca que un cogollo leyendo su periódico y toda desparramada. Esto no tendría mayor importancia, y todos pensaríamos que se trataba de una mujer normal, si ella hubiera dicho "¡uy predón!" y hubiese retirado las piernas para dejarme espacio. Pero no. 40 minutos que dura el viaje me mantuvo la muy puta sarnosa encogido como un feto. Y lo de puta sarnosa lo digo por no faltarle al respeto. ¡Que el respetito es muy bonito! La pécora no se movió sino para abrir las patas de arpía cuando, buscando riego sanguineo para mis pies, la pisé ligeramente para ver si se coscaba. Aún a día de hoy me estoy arrepintiendo de no haberle dicho nada y mucho más aún, de no haberle dado esa patada en la canilla que me estaba pidiendo con taaaaanto ahínco. ¡¡¡¿Pero se puede ser tan asquerosa y cerrrrda rastrera?!!! ¡Espero que haya encontrado alguna esquela interesante de algún familiar que recientemente se haya unido al baño de mierrrrda que generosamente le brindé a todos sus muertos! No crean que es que no se daba cuenta... que más de una vez le di un toquito con el pie y nada... por momentos creo que hasta se reía la muy mamífera.

De los mikis solo voy a decir que la guerra sigue abierta. De las churris solo voy a decir que están todas cerradas. Espero que ahora que he acabado la primera tanda de prácticas, tenga un poco más de tiempo para hacer vida social. Me he hecho un nuevo pelado que va a causar sensación. Lo denomino el peinado "Cheroki Jorquera". Lo de Cheroki por que me sale de los huevos y tiene un toque indio de la pradera, y lo de Jorquera porque me lo hizo Anna. ¡¡Ya veremos que ocurre...!! Adios muchachos... compañeros.

Safe Creative #1101058200394

23 noviembre 2007

Ni patino ni voy a clases de yoga subacuático.

Por fin he conseguido escapar de la rutina y del deber necesario para dedicarles unas líneas, mis estimados buñuelos de bacalao... ¡¡¡Aquí sigo!!!! No me he movido de Edimburgo. Lo que ocurre es que he sido secuestrado por las obligaciones de la vida laborostudiantil. Obligaciones estas que me ocupan en gran medida a lo largo y ancho del día y de la noche. Así pues, cuando no estoy trabajando o estudiando, estoy durmiendo o comiendo, lo cual impide que esté dibujando, jugando al fútbol o tocando el piano. Además, a veces me ducho y, o evacuo, por lo que justo en esos precisos instantes no estoy ni cogiendo caracoles ni corriendo desnudo por el bosque, lo cual sería un poco arriesgado para mi salud dadas las condiciones meteorológicas. ¡Si me tiro un pedo, pierdo la guagua! ¡¿Me captan?! Y la guagua me tiene que llevar a la clínica veterinaria en la que estoy haciendo las prácticas. Las prácticas me consumen unas diez horas al día de lunes a viernes, excepto los miercoles que voy a clase... así... a lo tonto entre pitos y flautas me llega el fin de semana. Y mis fines de semana a partir de ahora van a ser "superchupis". Mañana sin ir más lejos me levantaré a las 9 para entrar a trabajar a las 11; saldré a las 19 para volver a entrar a otro sitio a las 21 y salir a las 6. ¡Hagan calculos! Para superar este fin de semana necesito motivación. Necesito que allí donde trabaje haya mujeres en pelot... digo... ¡buen rollito!

Otra cosa que a veces hago es limpiar. Por ejemplo hoy mismo nos hemos metido a fondo con el baño. Pero ha sucedido algo. Algo que yo no estaba dispuesto a tolerar. Después de haberme peleado durante media hora con el desagüe de la bañera y conseguir desatascarlo (pelo, virutas variadas, un perro muerto... esas cosillas) usando un lapiz, mi mano enguantada, sal amoniacal y un cacharro de ambientador gastado, decido tomar una ducha. Para ello, hago lo propio... me quito la ropa (sí nenitas), me acerco a la bañera y cuando me dispongo a abrir el grifo... ¡Oh bochorno! ¡Oh inflación no económica! ¡Oh "fensa" descarada! ¡Cuando me dispongo a abrir el grifo me topo de frente con la coritna del baño toda cochina! No no no... de eso nada... si limpiamos, lo hacemos hasta el final ¡coño! Así que agarré el Don Limpio y el estropajo y descolgué la cortina. Froté y froté hasta dejarla como nueva. Lo curioso de todo esto es que mientras lo hacía, solo pensaba en que si alguien hubiese podido abrir la puerta en ese momento, se hubiera encontrado con un tipo en bolas y con las cholas puestas encorvado sobre la bañera, frotando con un estropajo una cortina de plástico. Ya sé que hubiese sido peor si en lugar de una cortina de plástico hubiese sido el culo de una cabra... pero aún así, la imagen me continua turbando. ¡No sé...!

Al margen de todo esto, la guerra contra los mikis continúa. Ahora es más una guerra de guerrillas con alguna escaramuza por aquí y alguna emboscada por allá. Pero esto no durará así mucho tiempo. ¡Voy a asestarle un golpe al enemigo que se va a cagar! Le tengo preparada una sorpresita a los "Maquis-mikis". Me voy a armar hasta los dientes (No. Llevarme un gato de la clínica es poco decoroso) y me voy a aliar con el invierno para destruirlos... El invierno se presenta crudo por dentro y por fuera, porque fuera hace un frío de cojones y dentro de casa se te hielan los cojones. No en vano duermo con una camisa térmica, el pijama, dos suéter, calcetines y tapado con el edredón. ¡Si al menos tuviera alguien que me tapara! Pero como el único pescado que huelo son las caballas que me como... ¡Uy, ¿qué tendrá que ver una cosa con la otra?! Ustedes disculpen.

Bueno. Me ha llegado la hora de irme a dormir. Que mañana me espera la maratón de trabajo, el lunes las prácticas, comer, bañarme... ¡¡¡nada de esquíar!!!

Safe Creative #1101058200547