29 enero 2009

Tenerrenfe, Gran Tajada, Lorenzote, La Pasma, La Gonorrea, Fuenteovejuna y El Puerro (Y La Cachonda). Y la octava isla: Venesuecia.

Bienvenidos seáis, mis queridos boquerones del Atlántico! Pocos o ninguno son los que no saben que he estado en Teneriffa por navidad. Una vez más y para no romper con la tradición ha sido espectacular. Es bien cierto eso que dicen de que "como en casa, en ningún sitio". Nos hemos reencontrado los amigos y la familia, hemos comido y bebido y bebido y bebido y vuelto a comer, nos hemos reído juntos y hemos hecho turismo tabernario!!! Que más se puede pedir???!! (Sí, eso también lo hemos hecho). Pero hoy vuelvo a hallarme en tierras extranjeras y es tiempo de virar la nave rumbo al verano. Mientras navego, narraré expatriados aconteceres y escribiré dislocadas ficciones...

...Y aconteció en el aeroplano hacia Madrid, que en los asientos frente al mío había sentadas unas jóvenes de la España peninsular que mantenían un intercambio de impresiones acerca de su viaje por Canarias. Yo no me hubiera tenido que enterar de lo que hablaban si su tono de voz hubiese sido más recatado, y hubieran hecho bien, pero no fue así. Hablaban las muchachas de manjares con los que las habían deleitado en esas nuestras islas: que si "una cosa que llevaba mofo como con sopa que lo llamaban... caldereta"; que si "conejo en salmonejo"; y también "patatas arrugadas". Ante semejante terminología y giros varios del lenguaje, mi cara se iba poniendo colorada (vergüenza ajena? nooo. Enfado? ni mucho menos) de aguantarme la risa, mientras los otros dos pasajeros a mi lado, casualmente también oriundos de la península, se iban contagiando. Intenté leer y no atender a aquella conversación, pero solo pude hacer como que leía. Entonces ocurrió: las chicas continuaron su charla sobre los manjares canarios: "...y una cosa que también me gustó muchísimo es una cosa... que es queso al horno con la salsa esta... con el mojón". No sé si a ustedes les habrá pasado, pero yo no pude evitar evocar a las dos jóvenes con la boca llena de mierda con queso y diciéndole una a la otra: "hay que ver como se cuidan estos canarianos!!!". Con la mirada clavada en mi libro se me saltaron las lágrimas (era una novela bastante triste) y un chirrido-zumbido se me escapó de la boca-nariz!!! Al mirar de reojo y ver que mis acompañantes me miraban y se reían, ya no pude más... Ellas no sabrán nunca a que se debió tan repentino estallido de risas a sus espaldas, pero Faemino y Cansado hubieran tomado apuntes! Creo que no me equivocaré si me aventuro a afirmar que... pa' mí que lo que más les gustó fue el vinito del país!!!!!

Pensarán que esta ha sido una historia muy cortita... Así me gusta!! Que sean observadores y que ejerciten el cerebrito un poco todos los días!!! Ahora me voy a tomar una Coca~cola, que me están esperando "La Boni" y "La Juli".

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07 diciembre 2008

La Creación

Al principio sólo estaba La Naturaleza. Y el Hombre contemplaba en el cielo las estrellas como puntos de luz, mientras las estrellas, ajenas a los ojos del Hombre, repetían su eco luminoso cada noche. El Hombre contemplaba también la lluvia que caía, y la lluvia lo mojaba todo. El sol calentaba y despejaba la oscuridad allá donde sus rayos pudieran serpear... Así el Hombre vagaba por el mundo sin cuestionar a La Naturaleza, sin más preocupación que vivir. Y era feliz y aceptaba la vida. Pero vivir eran infinitos caminos hacia un mismo destino, y un día el Hombre quiso saber. Le preguntaba a La Naturaleza, pero torpe como era por aquellos tiempos, no hallaba respuesta alguna. Inconforme, trataba de alcanzar la fuente de la lluvia subiendo a las montañas mas altas, perseguía al sol mas allá del horizonte y contaba las estrellas cada noche. Y si alguna vez obtenía el Hombre una respuesta, de ella surgían nuevas preguntas. Por eso, cansado en su búsqueda, ansioso por saber e incapaz de esperar, el Hombre decidió saltarse el orden establecido por La Naturaleza. Y es así que creó los dioses.


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18 noviembre 2008

El Expresivoextraversionismo.

Hola chatungos!!!!! Les voy a contar unas cositas!!!!! Pónganse las gafas que vamos a empezar:

Balkanarama es el nombre de una fiesta que se celebra en el club Studio 24 cada cierto tiempo. La fiesta empieza con algunos pinchadiscos que amenizan la tarde y acaba con un concierto en vivo. El nombre de la fiesta hace alusión a que toda la música que se reproduce e interpreta es música balcánica (algo así como ska-judío-folclórico con pinceladas greco-turcas. Clarito, no?) Pues se da el caso de que a dicha fiesta acudimos mis amigos, mi "sexapil" y yo en busca de nuevas sensaciones cachondistico-culturales (Lo que a mi me gusta, vamos!!! El enriquecimiento de la mente a través del jolgorio y el intercambio cultural de números de teléfono y fluidos variados). Ya en la cola para entrar al Studio 24 se dejaba notar mi magnetismo cuando, ni corta ni ciega, una sueca se puso a hablar conmigo. Así pues la cola nos condujo al interior de la sala, y allí, nada mas entrar, nos ofrecieron un chupito gratis de "dschsdeuwuijoska" casero, que no pudimos rechazar. Curiosamente el "dschsdeuwuijoska" sabia a "dschsdeuwuijoska" (la traducción literal vendría a ser algo así como "rayos"), pero... y lo calentito que nos dejó, eh??! Después del enjuague bucal nos dirigimos todos al unísono hacia la barra, no porque seamos unos borrachos, sino para pedir una cerveza con la que poder quitarnos el mal sabor de boca del "dschsdeuwuijoska". El siguiente paso fue colocarnos estratégicamente (en todos los sentidos), de modo que pudiéramos ver el escenario con claridad, y solo un escenario y una banda, puesto que no actuaban más bandas y queríamos ver a "La Orquesta del Sol" y no a "La La Orquesta Orquesta del del Sol Sol". (No se si me explico!) Ahora bien, cuando llegamos y nos posicionamos no había sino cuatro pelagatos a nuestro alrededor, pero poco a poco la muchedumbre nos fue rodeando y apretujando hasta alcanzar la situación un semblante carnavalesco. Esto significa dos cosas: periquitas y cuerpos sudorosos!!!!!! En tal situación y habiéndome percatado de la presencia de una pequeña joven de atractivo estelar y fisonomía hispánica, no tuve mas remedio que "revolotiarla" dejando mis encantos fluir, echándole miradas de tigre y sonrisas de oso panda. Tras varias miradas y algunos revoloteos, me acerqué a su oído y le susurré: "Te vi a meter por tos los gujeros, jacaaaa, que eres una jacaaa!"... hummm, no, creo que esto sólo lo pensé!!! El hecho es que comencé con ella una interesante conversación. Aunque hablaba español con fluidez, resultó ser que la chica era polaca... y madre mía, que estupendísima que estaba!!! Mientras tanto, otras dos muchachas me "revolotiaban" a mí. Cosa ésta poco sorprendente si tenemos en cuenta mi atractivo natural y la falta de espacio. Así pues, me había fijado un objetivo para la noche: bailar la lambada a ritmo de música balcánica con la chati polaca. Entre idas y venidas a la barra, una nueva e interesante individua apareció en escena, y como bien aprendí en Agrícolas, de una semilla sólo sale una planta, así que me dispuse a sembrar una segunda semilla. La jugada estaba clara: botar desprendiendo "sexapil" y tantear y, o tontear a tontas y a locas a la vez que encelar a las mocitas intentando discernir alguna muestra de interés por su parte. Y poco a poco la balanza se inclinó hacia la candidata numero dos: "La Inglesita" (que viene del inglés y no de las ingles). Se preguntarán por qué me decanté por la segunda, que no era tan espectacular como la primera (nooooo, no era fea), y no por la primera, que era más espectacular que la segunda. Pues simple y llanamente porque la primera parecía estar muy solicitada y pasar de mi "culamen", mientras que la segunda se percibía receptiva. Que si un bailito por aquí, que si una charlita por allá... Y entonces llegó el momento! Ella se disponía a ir a la barra a pedirse un vasito de agua. Yo, que soy muy avispado, la acompañé. Entonces, sedientos como estábamos, nos tomamos un vasito de agua entre los dos, lo cual dio paso a mi momento de galán tipo Paul Newman, y allí, junto a la barra, le propiné un ósculo cándido a la par que tórrido. Todo apuntaba a que esa noche las campanas repicarían en mi honor. Volvimos a la pista. Bailamos. Esta vez más apasionadamente, regalándonos un arrumaco entre giro y giro, una mirada pícara entre paso y paso... El concierto se acercaba a su fin y el desenlace de la noche se aproximaba. Fue en aquel preciso instante, cuando La Inglesita me hizo "la jugada de Carmela"!!!! Desde entonces resuenan en mi cabeza las sabias palabras de Mecano: "Si la tía está de vicio, acompáñala al servicio; No seas acomodaticio, acompáñala al servicio; Cuando veas que hay bullicio, acompáñala al servicio; En tu propio beneficio, acompáñala al servicio; Cuando te haga algún extraño, acompáñala hasta el baño; Cuando veas merodeo, acompáñala al aseo; Si le chirría el cojinete, acompáñala al retrete". Sí, mis torreznos churruscados! Se fue al baño y nunca volvió. Habrá sido porque además de la mirada de tigre también tenia el olor y la camiseta empapada de sudor? Yo creí que eso las excitaba!!! En fin... para preguntas como esta y qué hay después de la muerte no hay respuestas sino opiniones... aunque unas puedan ser mas convincentes que otras!!

Pocos días después del Balkanarama, cogí un avión para ir a París. Allí me esperaban cuatro de las sirenas de Gran Canaxos. Antes de salir de casa para tomar el avión, llev
é a cabo un plan que había estado meditando minuciosamente. Para ello, los días previos al viaje había seleccionado con cuidado aquello que comía, hasta que por fin, en la nevera solo quedó una cosa. Una cosa que sería mi desayuno el día señalado. Un desayuno de campeón sin Cola~Cao. Llegado el momento, abrí la nevera, saqué mi desayuno y me lo preparé con esmero: vuelta y vuelta en la sartén. Todo ser humano que se precie debería comerse alguna vez una morcilla pa' desayunar. Así!!! Sin pan ni nada!!! Una morcilla en todo su esplendor y longitud acompañada de un vaso de agua!!!!! Porque no tenía vino, que si no...!!! Bueno... pues el avión aterrizó en el aeropuerto Charles de Gaulle. Directamente, del avión me fui a coger un tren. Una vez en el tren, le envié un mensaje a una de las niñas para avisarlas de que en breve me reuniría con ellas. Sin embargo, poco antes de llegar a la parada en la que me tenía que bajar, oí unas voces que hablaban en perfecto castellano, y a medida que se acercaban pude reconocerlas. Eran ellas, las sirenas. Cuando las tuve a mi altura, eché una miradita de reojo y... me hice el "longui" y las dejé pasar de largo para que no me montaran un numerito en mitad del tren nada más llegar. Poco después, coincidimos en el andén, donde me explicaron que habían recorrido el tren de punta a punta en mi busca... Si ellas supieran!!!! De aquí nos fuimos a la residencia. La residencia es algo así como una cárcel, pero en la que tú tienes la llave de tu celda. Hay laaaaargos corredores con puertas numeradas a ambos lados. Cada habitación es un suspiro y los baños y cocinas son comunes.

Así pues, la primera noche en París nos fuimos a una discoteca, a una fiesta de Erasmus. Poco hay destacable de esta noche. Bailoteamos, bebimos, invit
é a un mexicano que conocí en la barra a una cerveza de cinco euros, una de las niñas se besuqueó con un negrata... Para dormir fui desterrado a una habitación en el tercer piso, mientras las sirenas dormían todas juntas en la planta baja. La soledad me hizo añorar la compañía de algún amigo con quien poder compartir la experiencia y las batallitas que se hubieran podido originar. Los días que siguieron, con las sirenas subí a la Torre Eiffel, recorrí las calles de Monmartre, tomé cerveza en el café Les Deux Moulins (el de Amélie), visité Versalles, anduve por el Moulin Rouge, vi películas, comí pizza y crepe, hablé de sexo, practiqué el francés (hablado y escrito), fui a un sex-shop y muchas cosas más... pero siempre eché de menos un cómplice. Viéndolas a ellas, su unidad, su mágica conexión, sentí la extremidad fantasma del mutilado. Y para hacer mayor mi nostalgia, la Princesa de las sirenas, cuyos ojos fueron una vez estrellas verdes que refulgían al mirarme, ahora me miraba con ojos que no eran más que ojos. No obstante, he de decir que lo pasé bien. El espíritu de La Bohemia, invisible y acumulativo como los rayos X, latente, fencundó mi alma que dormitaba. Pero como cualquier embarazada, no me percaté de mi estado de gracia hasta pasado algún tiempo. No mucho...

Nuevamente en el aeropuerto, con el ánimo de quien regresa a la rutina,me disponía a tomar el avión de vuelta a Edimburgo. En mi cabeza circulaban imágenes de París y sonaba el acordeón del músico ambulante. Entonces una joven se sentó a mi lado en el salón de la puerta de embarque. Era una muchacha muy atractiva, mas o menos de mi estatura, con gafas. Le eché una miradita, primero de reojo, después más directamente. Ella también me miró. De repente comencé a notar algo en mi interior. Era como si un ser hubiera estado hibernando por mucho tiempo dentro de mí y ahora comenzara a desperezarse. Instantaneamente la música del acordeón paró de sonar en mi cabeza. Ahora sólo escuchaba los ruidos del salón, de las cosas que me rodeaban, y en mi cabeza una voz que decía: "Soy yo. He vuelto. Me alegro de verte". Entonces la chica se levantó de su asiento y me dijo en francés: "Te importa echarle un ojo a mis maletas, vuelvo enseguida". Sin dudar lo más minimo le dije que sí. La voz en mi cabeza volvió a hablar: "Bienvenido de vuelta, poeta. Poeta?!! O lo que tú quieras! Sí, lo que yo quiera". Un bosquejo de sonrisa se plasmó en mi cara. Como el lagarto que se desprende de la piel muerta para seguir creciendo, así me desprendí yo de la introversión, la nostalgia y la desidia que se había aferrado a mí por largo tiempo. Y así, crecido tras mi renacimiento "expresivoextraversionista", me encontró la joven atractiva cuando volvió a sentarse a mi lado. Habiendo cuidado su equipaje, tuve la excusa perfecta para usar el francés con vocablos y giros exóticos (chapurrear según la RAE) y entablar una conversacion con la chica. Seguimos charlando mientras ibamos hacia el avión, y a mitad de camino otra francesa se unió a la conversación. En ese momento fue cuando yo la abandoné. Una cosa son los vocablos y los giros exóticos del idioma y otra muy distinta la monotonía de la corrección!!!!! Quita quita!!! Qué aburrimiento!!! Así que las dejé que alegaran, hasta que una vez dentro del aeroplano, pizpireto y vivaracho, les dije que se sentaran a mi lado. Luego las dejé que siguieran alegando... Para abreviar les diré que conseguí intercambiar teléfonos con ambas. No les voy a contar las técnicas sofisticadas que usé para ello (algunos no lo entenderían y además podría tomarme mucho tiempo), pero creanme si les digo que fueron varias, distintas y hasta de galán tipo "te llevo la maleta"!!

Un par de semanas despu
és, vinieron de visita a Mordor unas amigas. Una de ellas, compañera mía de agrícolas que había venido a visitar a su mejor amiga en Inglaterra, a su vez amiga mía a la cual conocí en Edimburgo sin saber que era amiga de la otra (sí, no??!!!!). Pues con ellas vinieron tres amigos más: un chico y dos chicas. Las chicas viven en Inglaterra donde mi amiga, y el chico vino a visitar a una de las chicas (todo bien, no? Clarito!). Pues de las dos chicas, la que no era amiga del chico, esta casada (bien!). Pues como cada vez que viene una visita, quedamos e hicimos lo que es menester y salimos de turisteo-copeteo-papeo. Y ocurría aquel día que era sábado, que Escocia se enfrentaba a Nueva Zelanda en un partido de rugby y el chico lo queria ver al más puro estilo escocés (esto es en un "pub" bebiendo "pints", que total, si cambias pub por bar y pints por cervezas te queda como si lo vieras en España... para algunos en su propia casa!!). Ahora bien, la hora del partido se acercaba y las ganas de caminar se habían acabado, de modo que nos metimos en un barito acogedor, chiquito, coqueto y no repleto de gente en el que iban a poner el partido. Nos pedimos unas cervezas y nos sentamos en una mesa. En la barra había un grupo de escoceses también dispuestos a disfrutar del rugby. No sé si lo disfrutaron más o menos que nosotros... Con nosotros había una chica escocesa, pero no es muy aficionada al rugby... Y Escocia perdió, así que a lo mejor lo disfrutaron menos... Aunque a lo mejor lo disfrutaron más, porque como jugaba su país y a nosotros nos daba igual quien ganara... Además el rugby tampoco nos hacía una ilusión especial a ninguno... Entonces tal vez lo disfrutaron más que nosotros aunque perdieron... O lo disfrutaron menos porque lo vieron por la tele y nosotros (el chico y yo) lo vimos en el estadio?!!! hihihihihi Sí, mis perracos perraquetes. Mientras estábamos sentados a la mesa del bar, uno de los "mordorianos" se acercó y nos regaló dos entradas. Dos entradas de cincuenta libras cada una. Nos explicó que estaban de despedida de soltero, que por eso no iban y que era mejor que alguien aprovechara las entradas. Tras unos momentos de duda e incredulidad, el otro chico y yo agarramos las entradas y salimos a buscar un taxi. En veintipocos minutos llegamos al estadio. Ya dentro del estadio nos dirigimos a nuestras localidades, pero antes, a través de un portón enorme que daba de lleno al campo, en el mismo plano, disfrutamos la "Haka Maorí" de los neozelandeses. Para quien no sepa lo que es, la Haka es lo que Cantinflas vendría a definir como "un baile asustoso que los hombretones... (tan grandotes!! pues mire usted si son grandes que si los abrasas los pellizcas)... pues eso...!! que los hombretotes le danzan a los individuos representativos de la oposición!!!!! Y visto esto, nos fuimos a comprar unas garimbitas pa' pasar el encuentro frescos. Tras la paliza recibida por Escocia, nos volvimos a reunir con las chicas. Y de un bar fuimos a otro, hasta que por fin terminamos en una minidiscoteca. Una vez más mi "sexapil" se disparó incontrolable! Mientras bromeaba y bailaba con la joven casada, me percaté de que ella, sin remedio, se veía atrapada por mis encantos viriles. Me contaba cosas íntimas y me halaba de la mano pa' que la acompañara a fumar... Y yo no fumo!!!!!!! Me resistía a caer en la tentación, pero mi mente sucia me jugaba malas pasadas...!!!
La música había cesado y era momento de marcharse a casa... pero "a que caaaasa?" decía otra vez una voz en mi cabeza. Ya en la calle, con la mente difusa, a punto de ceder... que coño! a la mieeeeeerda!!!!! Y en ese momento, quien sabe si por fortuna o infortunio, nuestra patrulla de amigos vino en su rescate y se la llevó sana y salva a su hostalito.

Para finalizar, les contaré que he conducido un coche británico por primera vez. No corrí demasiado peligro, porque lo hice por dentro del castillo de Edimburgo, sin tráfico... ...iba cargado de cosas, eso sí... ...es que era una furgoneta... ...y sin cristales atrás, así que tuve que guiarme sólo por los retrovisores laterales... ...Discúlpenme!... ...es que después de los parrafos anteriores no hay manera de que le dé emoción a esta mierda de anécdota!!!!! ...Bueno... imagínense a Chuck Norris y a Charles Bronson...!! A que emocionan los muy jodidos!

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10 octubre 2008

El Iglú

El miércoles por la noche llegó Fer. El jueves, Agi. Y el viernes llegó Eva. Así comenzó un fin de semana de seis en El Iglú. Muchos se preguntarán qué es El Iglú, mientras que otros ya saben de qué hablo. Son pocos aquellos de ustedes que lo han visitado, y ninguno ha experimentado en sus propias carnes su crueldad más extrema. El Iglú se encuentra en el 21/3F2 de Montague Street, en Edimburgo. Desde el exterior nada sugiere a la mente lo que en el interior aguarda. Al contrario. Muchas veces lo inhóspito del ambiente exterior hace soñar a las almas cándidas que llegan hasta la puerta de El Iglú. Y sueñan con confort!! JA JA JA JA JA JA JA JA!!!!!! La puerta de acceso al edificio, marrón y fea que da miedo, conduce a las escaleras helicoidales a través de un angosto pasillo de paredes grises sin pintar. Y las escaleras suben un piso, dos pisos y tres. En el último, la luz que el día tiene por bien regalar desde el tragaluz, ilumina la puerta de El Iglú. En el marco de la puerta un pequeño tirador. En el interior, una cadena que conecta el tirador a una campana. La campana que ha de alertar a los moradores de El Iglú de que alguien ha osado visitarles.

Por esta puerta entraron Fer, Agi y Eva. Y aunque ellos tampoco habían cambiado mucho desde la
última vez que vieron a Migue y a Fernando, se sorprendieron al ver que estos estaban tal y como les recordaban. Como Fer fue el primero en llegar, la primera noche la pasó con Migue en su cuarto. Allí su anfitrión le había preparado una cama que consistía en un colchón sobre dos ensamblajes de madera similares a palés. Al día siguiente los moradores de El Iglú salieron pronto para ir a trabajar o estudiar, dejando a Fer solo. Cuando la mañana cedía paso a la tarde, a Migue le sonó el teléfono. Al contestar, sintió una voz angustiada al otro lado del auricular. Era una voz familiar. Era la voz de Fer que repetía: "cómo coño se cierra la ducha?!!!". Fer se había levantado tarde y había decidido darse un agüita. No hay datos del tiempo que tardó en regular la temperatura, ni de si pudo disfrutar de la ducha, solo se sabe que al terminar, cuando quiso cerrar el agua no pudo. Asustado, corrió por toda la casa en busca de una llave de paso. Pero no la encontró. Entonces salió despavorido de El Iglú, aporreando las puertas de los vecinos, tratando de encontrar a alguien que le mostrara donde se encuentra la puñetera llave de paso. Un amable vecino, le dejo pasar para mostrárselo. Le indicó el lugar exacto dentro de un pequeño armario en la cocina. Fer sólo tuvo que adentrarse unos pasos en la casa del vecino, sólo un par de minutos, para darse cuenta de que algo extraño ocurría en el 3F2. Mientras se hallaba en la casa de este buen samaritano, de repente sintió como si despertara. Como si todo el tiempo que había pasado en El Iglú hubiese estado sonámbulo. Aletargado, se podría decir. Sin tiempo para reflexionar, Fer corrió escaleras arriba desde el primer piso, entro en la cocina del 3F2 y abrió el armario equivalente al del vecino. Los ojos de Fer se llenaron de diminutos cristales cuando descubrió que allí, en el interior de aquel armario, el cual había vaticinado ser su salvación, no había más que el contador del gas y muchos trastos. Fue en aquel momento de desesperación cuando Fer llamó a Migue. Éste le dijo que había un truquito para cerrar el agua, y se lo explico por teléfono. Esperando con el auricular en la oreja, Migue escuchaba como Fer se debatía en una lucha furiosa con la perilla de la ducha. "Rac, raaac, raaaaccc" sonaba la perilla al girar. "Aprieta hacia adentro", decía Migue. Pero Fer no atinaba a cortar el flujo de agua. Por cada giro de la llave, una gota de sudor caía de la frente del joven. Así pues, aconsejado por Migue, Fer caminó con prontitud a la piscina donde trabaja Fernando, para que este pusiera fin a su sufrimiento...

Horas más tarde, Migue llegó a casa y encontró a Fer tomando un piscolabis. Había conseguido parar el agua de la ducha. Fernando le había revelado uno de los secretos de El
Iglú. Uno de los truquitos. En la tubería que suministra la ducha hay un tornillito que funciona a modo de llave de paso. CHAAAAAAANNNNN!!!!! (Creanme! Yo también me sorprendí!!)

En una conversación de esas conocidas como "de hombre a hombre" Fer le hizo una confesión a Migue. Fer, en un arranque de valentía, le dijo a su anfitrión que la noche anterior, cuando ambos estaban en el cuarto, no había podido dormir. Y la razón era que... CHANTATACHAAAN!!! Había pasado un fríiiiiiiio de cojooooonessss. En un momento tan dramático como este llegó otro de los moradores: Boni. Se unió a la conversaci
ón y se dispuso a fregarse algún cacharro para calentarse la comida. Fer aprovechó para ir al baño. En un acto reflejo inconsciente, Boni abrió la llave del fregadero que lleva la inscripción "HOT". Al sentir el agua en sus manos Boni gritó!!! Migue, que se encontraba sentado a la mesa, la miró con asombro, sin entender. La inscripción en la llave había tomado sentido! El agua salía "HOT"!!!! Fer, desde la puerta de la cocina, debió sentirse como un explorador que observa a dos primitivos entretenerse con sus gafas, algo simple a los ojos del primero, pero novedoso y mágico para los segundos. Se acercó a ellos y con aire incrédulo les preguntó: "Pero no sabíais que había agua caliente?!!!!!" Así, los moradores de El Iglú descubrieron que aquel interruptor misterioso que parecía no servir para nada, servía para algo. Y vaya si servía!! Por eso el detallito de la caldera en otro de los armarios de la cocina!!! Fer les contó que dos años y medio atrás, cuando él mismo vivió un par de meses en el 3F2, ese había sido el primer truquito que le habían enseñado los antiguos moradores.

Al llegar la noche, Fer, Fernando, Boni y Migue esperaban a Agi. La noche siguiente, un comité de bienvenida compuesto por Agi, Fer, Fernando y Migue recogieron a Eva en la parada de guaguas frente a la estación de tren. Todos juntos caminaron hacia el 21/3F2 de Montague Street. Hacía mucho frío en la calle, así que todos iban bien abrigados. Todos excepto Eva, que viniendo de Madrid no podía imaginar que a principios de octubre pudiera hacer un frío tan puto en ninguna parte. De este modo, Eva no encontró nada raro en que los demás fueran bien abrigados. Solamente al atravesar el umbral de la puerta del piso y ver a Anna, Boni y otros individuos que desconocía con suéter de lana y bufanda, se percato de que algo extraño ocurría en aquel lugar.
Pronto hubieron de descubrirle a Eva un truquito de El
Iglú. Descorcharon varias botellas de vino tinto, abrieron botellines de cerveza y cantaron y rieron. Entonces, cuando todos estaban reunidos en la cocina, ocurrió algo espeluznante. Migue y Fernando sufrieron una metamorfosis sincrónica. Los ojos les hacían chiribitas mientras reían alocadamente, las bocas y los dientes se les habían puesto renegridos y lo peor: Fernando, en un arrebato de crueldad muy propio de él, había puesto un disco de Aaaaaaandy y Luuuucaaaasssssssssss!!!!!!!!!!!!! IEEEEEAAAAAAHHHGGGGGGGG!!!!!!!!!! Toma truquito!!!!!!!!!!!!!

En El Iglú hay astillas por el suelo. No camines descalzo.
En
El Iglú no HABÍA agua caliente en la cocina. No uses muchos cacharros, que luego hay que fregarlos.
En
El Iglú hay una bombilla por habitáculo y no iluminan una barbaridad. Orienta tu cuerpo de modo que no haga sombra sobre la tabla cuando piques pimientitos por la noche. En El Iglú se estila mucho el flexo.
En
El Iglú los cacharros de la cocina no tienen asa. Cógelos con un pañito.
En
El Iglú la ducha tiene truquito. Aprieta pa'dentro y gira la perilla.
En
El Iglú los muebles no son de este siglo ni bonitos. Sé práctico, no pijotero.
En
El Iglú hay una bola de espejos en la cocina. No preguntes.
En
El Iglú no HABÍA portero porque estaba estropeado. Entra por el pasadizo subterraneo que no tiene puerta y sube un pisito más.
En
El Iglú HAY portero. Habla tanto como quieras, pero entra por el pasadizo subterraneo, que el botón de abrir no funciona...

Pero sobre todo: En
El Iglú NO HAY calefacción. CA-GA-TE DE FRIIIIIIO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!


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30 septiembre 2008

La memoria del color.

Edimburgo se va oscureciendo cada vez más con la llegada del otoño. Pasan los días y el viento va arrancando las hojas de los árboles, desgarrándolas con violencia, desvelando tétricos y retorcidos esqueletos de madera. El agua de la lluvia resbala por los cristales, por las paredes y los rostros desteñidos de los viandantes. En ocasiones, un rayo de sol se cuela desapercibido a través de la estricta guardia de nubes, y el gris oscuro se vuelve verde, el marrón naranja y el cielo azul. Entonces alguna sonrisa se escapa de un pensamiento, de una memoria familiar en la que se reconoce algo inexacto que, en algún tiempo antes de este, fue vivido o soñado. Los paraguas son escudos y los anoraks armaduras. En el suelo los charcos filman el transcurrir de los días que reflejan. Los autómatas discurren por las calles y se amontonan en las paradas de guagua, donde éstas los escupen y los engullen.

Mientras trabajaba de noche en la clínica, una mujer llamó para decir que su perro había sufrido un ataque epiléptico la noche anterior. Ella hablaba con el ritmo del otoño, como quien se ha tomado más de un valium, y decía que su perro había cambiado de color.


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24 agosto 2008

Mórdor - El Olimpo; El Olimpo - Mórdor.

Inmerso en un mar de confusión me siento en mi escritorio (en realidad es el de Fernando, pero quedaría medio chungaleta, ¿no? "Inmerso en un mar de confusión me siento en el escritorio de Fernando para"...) para narrarles un episodio más de mi tumultuosa existencia. Se preguntarán a que se debe esta confusión... ¡¡¡¡¡¿ a que sí curiosoooones?!!!!! Pues se debe simple y llanamente a que el retornar de Tenerife a Edimburgo, después del verano, no es moco de pavo. Dicho así suena comprensible. Es fácil imaginar que pueda resultar duro y, o producir pesar el dejar un lugar en el que el sol brilla casi todos los días, un lugar que atrae a los turistas, para ir a otro lugar donde el turista es el sol, que viene de visita de vez en cuando y que se pierde entre la población local de nubes a menudo. Pero es que este verano no ha sido un verano cualquiera. Este ha sido un verano extrañamente especial. Y lo extraño es que, aún habiendo tenido maravillosos veranos anteriormente, éste se me antoja extraordinariamente olímpico. Nada tiene esto que ver con Pekín o con el deporte. Cuando digo olímpico me refiero al Olimpo de los dioses griegos a donde ascendían los héroes mitológicos. Todo comenzó aquí mismo, en Edimburgo. La selección española de fútbol ganaba la eurocopa y yo me abrazaba a Mari, la única española que había junto a mí en aquel bar. Todos estaban de viaje en alguna parte, y el mariconazo de Fernando estaba de viaje en Viena viendo la final (aún recuerdo el mensaje en el buzón de voz: "Migue, soy yo Fer, que era para desearte un buen verano y que lo pases muy bien en Tenerife con la familia... que yo me voy hoy pa' Madrid y de allí para Viena pa' ver la final... ya te contaré. Cuídate. Un abrazo." Cabrooooooooooooooooooonaaaaaaaaaazooooooooooooooooooooo). Como Mari no tenía muchas ganas de salir intenté convencer a François, un amigo franchute que también vio el partido con nosotros, pero le acompañé a su casa, cenamos y ya no quisó salir. Con semejante panorama, tuve que armarme de valor y salir yo solo... ya ven... ¡¡¡¡así de duro me he vuelto!!!! hihihihihihihi Pues dicho y hecho... me eché a la calle y me dirigí a un "pub" donde sabía a ciencia cierta que habría 22.345 españoles celebrando el acontecimiento. Una vez estuve en el bareto, tardé menos de dos minutos en encontrarme al primer conocido... y luego otro y otro y... muchos desconocidos, pero daba igual. Saltábamos y gritábamos todos juntos. Australianos, portugueses, escoceses... todos juntos bailando "Paquito el Chocolatero" y demás éxitos nacionales españoles, incluido el "Güíar de Champion Mai Fren". Hubo mucho jolgorio y "buen rollito", hubo pintas de cerveza y algún chupito, pero señores, ¡¡¡de lo que no cabe duda es de que hubo una gallega que me puso palote!!! ¡¡¡¡¡¡O lo decía o reventaba!!!!!!! Bueno... prosigo. Al día siguiente la resaca se tornaba dulce y agradable con el hacer el equipaje. Que si el cepillo de dientes, que si las cholas, que si unos clazoncillos monos... Y casi sin darme cuenta me había subido al avión que me llevaría hasta Madrid. Los primeros maravillosos días en España y olé coincidieron con mis primeros días en España y olé. Esto es, días de relax en casa de mi hermano y mi cuñada con mi sobrina. Poco después nos uniríamos a mis tíos y mi sobrino para ir al parque de la Warner. Montañas rusas, caida libre, chirimbolos que te dejan patas abajo y te menean pa' un lado y pal'otro, chismes que te sacuden y te dan vueltas... ¡¡¡¡una cooooosaaaaaaa!!!! ¡Disfrutamos más mi hermano y yo que mi sobrino! Y también pude disfrutar de los manjares culinarios que desde entonces hasta que tuviera que tornar a Mórdor, me delietaron cual ambrosía de chocolate Tirma. Despedí a mis tíos y me dirigí al encuentro de mi buena amiga Begoñuza. Ella siempre me saca por los madriles, y curiosamente, no sé cómo tomármelo, me suele llevar a Chueca. Pero es que la verdad es que siempre que vamos lo pasamos genial. Este año me pase de jueves a sabado por allí pululando (como una mariposilla). Estaba lleno de gente por aquello de que era el fin de semana del Orgullo Gay. Había desde travelos feos como garrapatas hasta lindas muchachas (que si que eran mujeeeeres), parejas de todo tipo y familias paseando. Había también señores bigotudos con atuendos de cuero, doncellas musculosas, mujeres de pelo en pecho y reinonas del carnaval. De hecho era un poco como carnaval pero con muchas más locas. Fueron tres días de gran goce... ¡y ya que estaba me operé las hemorroides! hihihihihihi (Que es que... ¡bien les gusta, cochinillos! Noooo, no me dieron por la culaaata). Aparte de con Begoñuza, además me reencontre con Eva, mi amiga hungaro-eslovaca. Dos noches pasé en su casa. Dos noches dormí en su cama, la cual me cedió muy cortésmente mientras ella dormía en el sofá del salón. Y de Madrid volví mi nave hacia el sur y me encaminé a Accitania. Allí me esperaba mi fiel amigo Juane, quien me alojara en su humilde morada. Juntos fuimos a Almería, donde su tío nos hospedo en su chalé con piscina. Mientras el bueno de Juane iba a la ciudad para hacer un curso en la universidad, yo reposaba o pasaba las horas dando volteretas y haciendo el pino en la piscina. Así pase cuatro duros días. ¡¡No lloren, muchachos, que pude escapar con vida!! hihihihihihihihihihihiihi Pero entre cabriola y cabriola me jodí la espalda bien jodida (que sé que esto les gusta máaaaas, ¡cabroncetes!). Así descubrí que no puedo tomar Nolotil (ya ves mamá, se me hincho el párpado ligeramente) También fui herido por una avispa, un terrible monstruo alado hymenoptero hijo de la gran puta, que me pico en la cara interior del muslamen. Maltrecho y con la ayuda de Juane El Fiel y algunos de sus amigos, marché a la ciudad en busca de ayuda de algún druida. ¡Y qué druidas, oigan! Ponían unas tapitas con las pócimas y brebajes que estaban pa' chuparse los dedos hasta la muñeca. Aquellas pociones nos hicieron entrar en trance... y en una discoteca. Juane y yo regresamos a Accitania, donde continué mi tratamiento. Muchos se nos unieron y a muchos hube de despedir cuando partí para Hispalis. Dianona sería mi anfitriona en está ciudad. Visité Itálica, antigua ciudad de emperadores, y bebí cañas para sofocar el sofoco. Pero el sol, que a tantos se les antojaba cruel por su fulgurar desmedido, a mí me acariciaba, relajándome y avivando el alma que Mórdor, con sus sombras, había subyugado violentamente. Vi tormentas de verano. Escalé pa' los lados. Dio mucho de sí mi periplo por las tierras del continente en España y olé. Pero llegó el día en que mi nave hubo de poner rumbo a mi isla, mi reino, mi Tenerifítaca. Un día que esperaba con sosiego pero con ansia. Era jueves cuando llegué y me reuní con mis amados padres. Y era jueves cuando me reuní con mis amigos. Y el jueves dejó de serlo y se hizo viernes en La Laguna, donde fuimos a parar Juanito Carlos El Bravo y el menda lerenda. Tras el viernes vino el sabado y luego el domingo... ¡Cosa curiosa! Y hay fragmentos de este relato que es mejor no mencionar (porque me van a dar las uvas) pero que quedarán en la memoria de los héroes, y serán transmitidos por la tradición popular. Fragmentos que hablan de playas paradisiacas, de carros sin rumbo conducidos por guerreros de la oscuridad, de manjares del mar y la tierra, de sopa marinera y de vino peleón... Pasaré ahora a narrar la más sobrecogedora aventura que me aconteció durante este viaje olímpico: En una nave tripulada por un puñado de gente, ¡¡¡que tenía hasta bareto el barco!!! (¡ya no es lo que era aaaantes con su trinquete y su velita y su palo mayor y su aqueeeello hombre...! )... pues en esa nave salí de puerto con mis eternos compañeros de fatiga, Juanito Carlos El Bravo y Jaimish El Implacable. Nos dirigíamos a la isla de Gran Canaxos al encuentro de seis hermosas jovenes. Y como ya habrán adivinado todos, ibamos que echabamos chispas. Al desembarcar nuestro carro en las costas de Gran Canaxos, los relinchos de nuestros caballos... ?¿?¿?...¡¡¡¡¡está bieeeeeeen!!!!! Al desembarcar el carro en las costas de Gran Canaxos, nuestros relinchos resonaban en los acantilados. Nuestros ojos inyectados en sem... sangre echaban fuego y las venas se nos marcaban por todiiiiiito el cuerpo. Las doncellas en cuestión tenían de veinte a veintitres años, con lo cual nos habíamos equipado con montones de halagos, píldoras para dorar y paciencia para soportar conejadas. Incluso llevábamos nuestras lanzas en alto por si había que luchar con algunos competidores (¡¡¡mal pensados!!! ¡¡¡Todo el rato igual!!!). Por fin llegamos a nuestro campamento. Allí dejamos nuestros bártulos y Jaimish El Implacable descansó. Pero Juanito Carlos y un servidor nos fuimos al encuentro de las codiciadas muchachas. Había trabajo que hacer y teníamos poco tiempo. Ahora bien, el por mí tan esperado momento de conocerlas había llegado. Nosotros ibamos hacia la playa y ellas volvían. Ellas, seis, volvían con sus bikinis. Ellas, las seis sirenas, volvían con sus preciosos cuerpos de ninfa a su morada. Poco a poco nos fueron hechizando... primero una de ellas, la más hermosa a mi juicio, cocinandonos arvejas, luego las otras paseando pa'quí y pa'llá con sus trapitos. Más tarde en la piscina de los apartamentos con sus cuerpitos de hada y sus pechitos dorados, con sus voces, con sus risas, con sus colchonetas mágicas... Y vino la noche y se vistieron de gala. Jaimish, que aún no había caido preso del encantamiento, se unió a nuestro vagar por las Llanuras Eliseanas al ver a las sirenas desfilar ante sus ojos. Cenamos (que el Jaimelonsi se curró una ensalada de pasta de padre y muy señor mío). Liras, arpas y flautines hermoseaban la velada. Los tres Guerreros habíamos quedado felizmente desarmados. Y salimos y recorrimos las calles junto a las sirenas. Y de las calles fuimos a las tabernas y bailamos. Los ojos de los tres solo veían a las seis. Así, esa noche acabo y dejamos a las sirenas en sus aposentos. Mis compañeros y yo nos fuimos a nuestro campamento. No quieran saber cómo ocurrió ni por qué, pero antes de que El Bravo se durmiera placidamente en una silla de la terraza, y de que Jaimish y yo nos pusieramos a ver el tenis por la tele, un ataque de locura transitoria me llevó a ponerme un tanga con lo de alante pa'trás, con looo de alante pa'tráaaaaaas y nada más. Al reconocerme yo mismo y mis amigos de aquella guisa, el ataque de locura se torno ataque de risa con lágrimas y mocos y revolcones por el suelo. Vino el día, nuestro último día en Gran Canaxos, y nos daban la patada en nuestro campamento. Entonces nos trasladamos a la morada de las sirenas. Cuando llegamos ellas aún dormían... pero a medida que se iban despertando y se paseaban por las estancias con sus trapitos de dormir, a El Implacable los latidos del corazón le iban inflamando el pecho. Pero mi pecho también se prendió fuego al comtemplar una vez más a La Princesa. La princesa de las sirenas que cocina arvejas, así se la podría describir. Con ellas fuimos a la playa a coger olas con las colchonetas mágicas. Hice una escultura de arena con ellas mientras me untaban arena por la espalda. Paseé por la orilla del mar con la Princesa y floté en su colchoneta sobre su regazo. El tiempo pasaba y nuestra nave zarparía pronto, pero el hechizo nos mantenía encadenados a la orilla del oceano. Finalmente, en un acto de gran valor, quizá la mayor de las proezas perpetradas jamás, los tres Guerreros abandonamos aquel universo más allá del universo para volver a Tenerifítaca. Las sirenas, que eran nativas de mi isla, pasaron los últimos días con nosotros antes de que yo partiera hacia Mórdor nuevamente. Primero cinco de ellas (una quedó en Gran Canaxos), luego cuatro, porque La Princesa tuvo que partir para la península. He de decir ahora que no fueron sólo sus encantos físicos los que nos embrujaron, pues eran sabias, dulces y amables. Con mis amigos de siempre también compartí mis últimos días... hasta que llegó el último. El definitivo. Y los vientos me empujaron sin remedio hasta Mórdor, donde ahora me encuentro. Creánme si les digo que aún oigo las voces de las sirenas, que aún las veo. Aún se me aparece entre sueños La Princesa. Porque aquellos que habiendo conocido Las Cadenas de Gran Canaxos consiguen escapar, siempre llevarán grilletes en su alma. ¿Quién querría cambiar los Campos Elíseos por Mórdor?

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04 mayo 2008

Telegrama.

Hemos ganado la guerra a los Mikis. Aquellos que no cayeron en el campo de batalla se han retirado a campo abierto, donde ahora hacen caquita sin ensuciar las cocinas ajenas. Ambos bandos hemos depuesto las armas y cesado las hostilidades, pero las armas de destrucción masiva siguen conservándose por si las moscas. Miguel Ángel, el sujeto de esta frase, ha ido a una fiesta, el predicado con su complemento circunstancial de lugar. Era una fiesta de disfraces. Miguel Ángel no tenía disfraz. Miguel Ángel, de ahora en adelante MA punto, no tenía ni idea de que la fiesta era de disfraces. Anna, la compañera de MA punto, tenía una peluca. La peluca no era de Anna. Anna cedió la peluca a MA punto. MA punto se puso la peluca y bailó. En la fiesta había "una" disfrazada de la martirio o algo parecido. MA punto bailó con la martirio. La martirio iba de dura de pelar. Era madrileña y chulita. MA punto tenía escondido un as en la peluca. Mientras sonaba música chumba chumba, MA punto y la martirio bailaron un chotis. Martirio se fue reblandeciendo. MA punto peló a la martirio y se la comió con papas fritas. Cuando MA punto se hubo cansado de la fiesta que quedaba a un paso de su casa, MA punto le dijo a martirio: "me voy a casa". Martirio no tomó en serio a MA punto, que se fue a sobar y dejo a martirio mirando pa'l techo. Así se las gasta MA punto!!!!! Tiempo después MA punto y martirio coincidieron en una discoteca. ¡¡¡¡¡¡¡?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿!!!!!!!! Martirio dijo: "me dejaste muerta cuando te marchaste el otro día. No me lo podía creer". MA punto estaba a la caza y captura de una Chicharrera y no le dio bola a martirio. MA punto se fue a casa a dormir. Hace unos días MA punto no iba a salir porque no tenía ganas. Hace unos días MA punto salió porque le convencieron. Hace unos días MA punto estaba en una discoteca con sus amigos. Hace unos días una alemana estaba en la misma discoteca que MA punto y sus amigos. Hace unos días MA punto y una alemana empezaron a hablar en la discoteca. Hace unos días MA punto y una alemana bailaron en la discoteca. Hace unos días MA punto y una alemana se refocilaron en la discoteca. Al día siguiente de hace unos días MA punto fue a ver el fútbol con sus compañeros de piso. Y entonces... entonces pasó ella por la calle. Estaba yo frente al portal con mis compañeros de piso despidiendo a una amiga que se marchaba, y a lo lejos aparecío la Valquiria. Aquella joven mujer germana que conocí una noche que salí con Fernando. Alta, rubia, sudorosa... con sus tenis de correr y sus mallitas de correr y un sueter gris de correr también. Deduje que venía de correr. Cuando hubo llegado a nuestra altura no pude evitar mirarla a los ojos, que me encontraron mirándola. "Esa es la alemana del Espionage", me dio tiempo a decirle a mis amigos antes de que repentinamente la Valquiria se echara a correr ?¿?¡?¿?¿?¿ Como si le hubieran pellizcado el culo, pegó un respingo y avanzó al trote unos diez pasos, luego al paso otra vez hasta ¡¡¡SU PORTAL!!! ¡¡Es mi vecina!! ¡¡Vive en mi calle!! ¡¡¡¡¡¿¿Por qué corrió al cruzarse conmigo??!!!!!! La próxima vez la pienso parar y decirle que si se toma un "cafele" conmigo, que somos vecinos y entre vecinos se estila mucho el conversar y tomar café. Que si quiere designarme como el heroe que ha de morir y escanciarme el vino en su cielo. Al día siguiente a este día MA punto había quedado con una alemana. MA punto y una alemana fueron a cenar. MA punto y una alemana fueron a casa a tomar té. MA punto y una alemana charlaron. Una alemana hablaba por los codos y MA punto asentía con la cabeza. MA punto tuvo que llevarla al cuarto y punto.


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