Sólo negro sobre negro. Así anduve a ciegas a través del tiempo burlón que se estiraba inquietantemente en un camino sin curvas. Pero hoy por fin he divisado un cometa en la tiniebla. Como en los mitos antiguos en los que las metáforas se disfrazan de dioses y ninfas, se me ha aparecido una chica con una antorcha. Es una chica corriente, una chica sin más. Pero porta la antorcha que me ha guiado por entre la negra ceguera hasta toparme con estas lineas. Ahora sólo pienso en esa antorcha y en lo que bajo su luz he visto. Pienso en las palabras que La Chica Corriente me dijo: "ejerzo la impudicia de sentirme diferente". Y al pensar no me sorprendo de la visita de La Chica Corriente. Yo la esperaba... yo la sabía. Ahora espero otras visitas que completen la irrealidad que imagino cada vez que escribo.
Desvergüenzas literarias de un aficionado a la vida y la bebida.
11 noviembre 2009
Entelequia de invierno para La Chica Corriente
Solo estrellas fugaces. Nada más veía durante mi noche; durante mi apagón. Luces de Bengala que durante segundos, escasos y miserables segundos, alcanzaban a sacarme de la negrura con que mi estro castrado me incapacitaba; instantes de milagrosa luminiscencia que se desvanecían engullidos por la oscuridad; pompas de jabón que quería coger con las manos y que sin remedio se desintegraban, no importa cuan delicado fuese al tocarlas.
Sólo negro sobre negro. Así anduve a ciegas a través del tiempo burlón que se estiraba inquietantemente en un camino sin curvas. Pero hoy por fin he divisado un cometa en la tiniebla. Como en los mitos antiguos en los que las metáforas se disfrazan de dioses y ninfas, se me ha aparecido una chica con una antorcha. Es una chica corriente, una chica sin más. Pero porta la antorcha que me ha guiado por entre la negra ceguera hasta toparme con estas lineas. Ahora sólo pienso en esa antorcha y en lo que bajo su luz he visto. Pienso en las palabras que La Chica Corriente me dijo: "ejerzo la impudicia de sentirme diferente". Y al pensar no me sorprendo de la visita de La Chica Corriente. Yo la esperaba... yo la sabía. Ahora espero otras visitas que completen la irrealidad que imagino cada vez que escribo.
Sólo negro sobre negro. Así anduve a ciegas a través del tiempo burlón que se estiraba inquietantemente en un camino sin curvas. Pero hoy por fin he divisado un cometa en la tiniebla. Como en los mitos antiguos en los que las metáforas se disfrazan de dioses y ninfas, se me ha aparecido una chica con una antorcha. Es una chica corriente, una chica sin más. Pero porta la antorcha que me ha guiado por entre la negra ceguera hasta toparme con estas lineas. Ahora sólo pienso en esa antorcha y en lo que bajo su luz he visto. Pienso en las palabras que La Chica Corriente me dijo: "ejerzo la impudicia de sentirme diferente". Y al pensar no me sorprendo de la visita de La Chica Corriente. Yo la esperaba... yo la sabía. Ahora espero otras visitas que completen la irrealidad que imagino cada vez que escribo.
05 abril 2009
El Efecto Mariposa
He perdido la cuenta de las veces que escribí el principio de esta historia. Intento no dejar nada al azar, pero no puedo. Nadie puede. Cada letra que cambio mueve un delicado hilo que desviará, impredecible e irremediablemente, la trayectoria de los hechos. No de ésos que quiero narrar, que ni siquiera son hechos físicos, sino de los hechos que acontezcan a aquellos que lean estas líneas y a mí mismo tras haberlas escrito. Lo único que puedo hacer es tratar de ser preciso.
La historia en sí misma no va más allá de este papel y sin embargo ocurrió. Su tiempo, una línea finita que transcurre entre "He" y el punto que denota el precipicio al final de dicha línea. Su época... digamos que ya se había descubierto la insulina sintética. El lugar, un barrio obrero llamado Los Gladiolos que nunca existió... al menos todavía.
En este barrio, en mitad de lo que una vez fue una carretera, había una piscina. Una pequeña piscina cuya agua sólo cubría hasta la cintura de un adulto, entre bloques de edificios, entre las aceras de la calle. Aquel día era un día soleado, la temperatura era agradable y yo nadaba (todo esto coincidía en el tiempo y nada era consecuencia de nada). Llevaba unas bermudas y en la boca dos cañitas de esas que se usan para beber (No sé por qué, pero eran distintas. Una de ellas era blanca con lineas rojas a lo largo, la otra era negra y estaba hecha de un plástico más duro, menos flexible) y con la cabeza sumergida en el agua, usaba las cañitas para respirar mientras buscaba tesoros en el fondo (no soy el primero ni seré el último buscador de "tesoros de fondos de piscina"). En la calle sólo había dos muchachos, que como yo, disfrutaban de un baño. Nadie en las ventanas, nadie en los alrededores y muy pocos coches aparcados que, por su aspecto, bien podían estar abandonados. Pero aquellos chicos, que no superaban la veintena, me miraban de un modo indefinidamente extraño. No sabría decir si era envidia lo que en sus ojos percibí o simple curiosidad. El hecho es que su mirada me disuadió de proseguir con mi labor de explorador de fondos. Así pues, salí de la piscina para deshacerme de las cañitas. Con el agua chorreándome por el cuerpo y los pies descalzos, me acerqué hasta la entrada del bloque de edificios más próximo, que se encontraba a los dos metros de ancho escasos que tenía la acera que la separaba de la piscina. Había en la entrada un arco y en el suelo un escalón que descendía y que daba cobijo a pequeños hierbajos medio muertos, hojas muertas por completo, papeles, plásticos y otras porquerías. Entonces pensé: "Este es un buen lugar donde tirarlas, nadie notará la diferencia", y mientras este pensamiento atravesaba mi cabeza, un metro más adelante, una papelera atravesaba mi visión. Un segundo pensamiento se encadenó con el primero: "Bueno, las tiraré en la papelera". Al bajar el escalón para depositar las cañitas en la papelera, un pinchazo atravesó mi pie hasta mi última neurona. En el pie pude sentir lo agudo, lo punzante, el exacto dolor físico que se estrechaba, por difícil que parezca, cada vez más hasta alcanzar un punto único inequívoco en mi cerebro. Un pensamiento certero que dolía más que mil pinchazos en el pie. Me miré la planta del pie y quise negar el punto rojo del que brotaba la sangre, del que brotaba y donde se intensificaba el dolor. Desesperado revolví con la mano entre la basura acumulada a la sombra de aquel escalón miserable. Revolví buscando y deseando no encontrar lo que encontré: con su ojo clavado en mi desdicha, una torcida aguja en una jeringuilla.
La historia en sí misma no va más allá de este papel y sin embargo ocurrió. Su tiempo, una línea finita que transcurre entre "He" y el punto que denota el precipicio al final de dicha línea. Su época... digamos que ya se había descubierto la insulina sintética. El lugar, un barrio obrero llamado Los Gladiolos que nunca existió... al menos todavía.
En este barrio, en mitad de lo que una vez fue una carretera, había una piscina. Una pequeña piscina cuya agua sólo cubría hasta la cintura de un adulto, entre bloques de edificios, entre las aceras de la calle. Aquel día era un día soleado, la temperatura era agradable y yo nadaba (todo esto coincidía en el tiempo y nada era consecuencia de nada). Llevaba unas bermudas y en la boca dos cañitas de esas que se usan para beber (No sé por qué, pero eran distintas. Una de ellas era blanca con lineas rojas a lo largo, la otra era negra y estaba hecha de un plástico más duro, menos flexible) y con la cabeza sumergida en el agua, usaba las cañitas para respirar mientras buscaba tesoros en el fondo (no soy el primero ni seré el último buscador de "tesoros de fondos de piscina"). En la calle sólo había dos muchachos, que como yo, disfrutaban de un baño. Nadie en las ventanas, nadie en los alrededores y muy pocos coches aparcados que, por su aspecto, bien podían estar abandonados. Pero aquellos chicos, que no superaban la veintena, me miraban de un modo indefinidamente extraño. No sabría decir si era envidia lo que en sus ojos percibí o simple curiosidad. El hecho es que su mirada me disuadió de proseguir con mi labor de explorador de fondos. Así pues, salí de la piscina para deshacerme de las cañitas. Con el agua chorreándome por el cuerpo y los pies descalzos, me acerqué hasta la entrada del bloque de edificios más próximo, que se encontraba a los dos metros de ancho escasos que tenía la acera que la separaba de la piscina. Había en la entrada un arco y en el suelo un escalón que descendía y que daba cobijo a pequeños hierbajos medio muertos, hojas muertas por completo, papeles, plásticos y otras porquerías. Entonces pensé: "Este es un buen lugar donde tirarlas, nadie notará la diferencia", y mientras este pensamiento atravesaba mi cabeza, un metro más adelante, una papelera atravesaba mi visión. Un segundo pensamiento se encadenó con el primero: "Bueno, las tiraré en la papelera". Al bajar el escalón para depositar las cañitas en la papelera, un pinchazo atravesó mi pie hasta mi última neurona. En el pie pude sentir lo agudo, lo punzante, el exacto dolor físico que se estrechaba, por difícil que parezca, cada vez más hasta alcanzar un punto único inequívoco en mi cerebro. Un pensamiento certero que dolía más que mil pinchazos en el pie. Me miré la planta del pie y quise negar el punto rojo del que brotaba la sangre, del que brotaba y donde se intensificaba el dolor. Desesperado revolví con la mano entre la basura acumulada a la sombra de aquel escalón miserable. Revolví buscando y deseando no encontrar lo que encontré: con su ojo clavado en mi desdicha, una torcida aguja en una jeringuilla.
05 febrero 2009
El Pozo de los Secretos.
Benjamín nunca fue un hombre introvertido, pero tampoco se le podría considerar el más dicharachero del mundo. A sus treinta y tres años había acumulado muchas experiencias e innumerables secretos. El primer secreto que recordaba haber guardado, fue el de aquellas mañanas antes de ir al colegio, cuando su madre le preparaba tostadas y leche para desayunar. Era demasiado temprano para que su pequeño estómago tolerase aquellas rebanadas de pan de molde con mantequilla, así que Benjamín cogió la costumbre de lanzarlas por la ventana como platillos que caían al parque. Para él, aquello era todo un acontecimiento: de destreza y potencia para ver cuan lejos llegarían y de estética, si las contemplaba planear mientras giraban en su vuelo hacia el parque. Éste y otros secretos los guardaba por propia conveniencia, si bien es cierto que a diferencia de otros, éste dejó de ser secreto al cabo de pocos años.
Y así los años fueron desvelando muchas otras travesuras infantiles: balonazos y ventanas rotas, miradas furtivas bajo las faldas de las niñas, animales torturados, pequeños hurtos... Pero estos secretos livianos dejaron paso a nuevos secretos más serios. Quién sabe por qué extraña razón Benjamín absorbía las confidencias ajenas de aquella manera! Tal vez fuese lealtad lo que le empujaba a callar de aquel modo, quizás indiferencia. Como un agujero negro engullían sus oídos y no encontraban las palabras salida por su boca. Esto era así, hasta el punto de que algunos, contándole nimias pretensiones disfrazadas de secreto, vieron como sus planes se iban al traste y tenían que buscar otros métodos para hacer llegar recados a terceros.
A sus treinta y tres años, Benjamín había acumulado ya infinidad de silencio. Nadie sabe por qué. Por el motivo que fuera! Callaba. Quién sabe qué secreto le condujo a arrojarse al fondo de aquel pozo! ...Nadie le escuchó.
Y así los años fueron desvelando muchas otras travesuras infantiles: balonazos y ventanas rotas, miradas furtivas bajo las faldas de las niñas, animales torturados, pequeños hurtos... Pero estos secretos livianos dejaron paso a nuevos secretos más serios. Quién sabe por qué extraña razón Benjamín absorbía las confidencias ajenas de aquella manera! Tal vez fuese lealtad lo que le empujaba a callar de aquel modo, quizás indiferencia. Como un agujero negro engullían sus oídos y no encontraban las palabras salida por su boca. Esto era así, hasta el punto de que algunos, contándole nimias pretensiones disfrazadas de secreto, vieron como sus planes se iban al traste y tenían que buscar otros métodos para hacer llegar recados a terceros.
A sus treinta y tres años, Benjamín había acumulado ya infinidad de silencio. Nadie sabe por qué. Por el motivo que fuera! Callaba. Quién sabe qué secreto le condujo a arrojarse al fondo de aquel pozo! ...Nadie le escuchó.
29 enero 2009
Tenerrenfe, Gran Tajada, Lorenzote, La Pasma, La Gonorrea, Fuenteovejuna y El Puerro (Y La Cachonda). Y la octava isla: Venesuecia.
Bienvenidos seáis, mis queridos boquerones del Atlántico! Pocos o ninguno son los que no saben que he estado en Teneriffa por navidad. Una vez más y para no romper con la tradición ha sido espectacular. Es bien cierto eso que dicen de que "como en casa, en ningún sitio". Nos hemos reencontrado los amigos y la familia, hemos comido y bebido y bebido y bebido y vuelto a comer, nos hemos reído juntos y hemos hecho turismo tabernario!!! Que más se puede pedir???!! (Sí, eso también lo hemos hecho). Pero hoy vuelvo a hallarme en tierras extranjeras y es tiempo de virar la nave rumbo al verano. Mientras navego, narraré expatriados aconteceres y escribiré dislocadas ficciones...
...Y aconteció en el aeroplano hacia Madrid, que en los asientos frente al mío había sentadas unas jóvenes de la España peninsular que mantenían un intercambio de impresiones acerca de su viaje por Canarias. Yo no me hubiera tenido que enterar de lo que hablaban si su tono de voz hubiese sido más recatado, y hubieran hecho bien, pero no fue así. Hablaban las muchachas de manjares con los que las habían deleitado en esas nuestras islas: que si "una cosa que llevaba mofo como con sopa que lo llamaban... caldereta"; que si "conejo en salmonejo"; y también "patatas arrugadas". Ante semejante terminología y giros varios del lenguaje, mi cara se iba poniendo colorada (vergüenza ajena? nooo. Enfado? ni mucho menos) de aguantarme la risa, mientras los otros dos pasajeros a mi lado, casualmente también oriundos de la península, se iban contagiando. Intenté leer y no atender a aquella conversación, pero solo pude hacer como que leía. Entonces ocurrió: las chicas continuaron su charla sobre los manjares canarios: "...y una cosa que también me gustó muchísimo es una cosa... que es queso al horno con la salsa esta... con el mojón". No sé si a ustedes les habrá pasado, pero yo no pude evitar evocar a las dos jóvenes con la boca llena de mierda con queso y diciéndole una a la otra: "hay que ver como se cuidan estos canarianos!!!". Con la mirada clavada en mi libro se me saltaron las lágrimas (era una novela bastante triste) y un chirrido-zumbido se me escapó de la boca-nariz!!! Al mirar de reojo y ver que mis acompañantes me miraban y se reían, ya no pude más... Ellas no sabrán nunca a que se debió tan repentino estallido de risas a sus espaldas, pero Faemino y Cansado hubieran tomado apuntes! Creo que no me equivocaré si me aventuro a afirmar que... pa' mí que lo que más les gustó fue el vinito del país!!!!!
Pensarán que esta ha sido una historia muy cortita... Así me gusta!! Que sean observadores y que ejerciten el cerebrito un poco todos los días!!! Ahora me voy a tomar una Coca~cola, que me están esperando "La Boni" y "La Juli".
...Y aconteció en el aeroplano hacia Madrid, que en los asientos frente al mío había sentadas unas jóvenes de la España peninsular que mantenían un intercambio de impresiones acerca de su viaje por Canarias. Yo no me hubiera tenido que enterar de lo que hablaban si su tono de voz hubiese sido más recatado, y hubieran hecho bien, pero no fue así. Hablaban las muchachas de manjares con los que las habían deleitado en esas nuestras islas: que si "una cosa que llevaba mofo como con sopa que lo llamaban... caldereta"; que si "conejo en salmonejo"; y también "patatas arrugadas". Ante semejante terminología y giros varios del lenguaje, mi cara se iba poniendo colorada (vergüenza ajena? nooo. Enfado? ni mucho menos) de aguantarme la risa, mientras los otros dos pasajeros a mi lado, casualmente también oriundos de la península, se iban contagiando. Intenté leer y no atender a aquella conversación, pero solo pude hacer como que leía. Entonces ocurrió: las chicas continuaron su charla sobre los manjares canarios: "...y una cosa que también me gustó muchísimo es una cosa... que es queso al horno con la salsa esta... con el mojón". No sé si a ustedes les habrá pasado, pero yo no pude evitar evocar a las dos jóvenes con la boca llena de mierda con queso y diciéndole una a la otra: "hay que ver como se cuidan estos canarianos!!!". Con la mirada clavada en mi libro se me saltaron las lágrimas (era una novela bastante triste) y un chirrido-zumbido se me escapó de la boca-nariz!!! Al mirar de reojo y ver que mis acompañantes me miraban y se reían, ya no pude más... Ellas no sabrán nunca a que se debió tan repentino estallido de risas a sus espaldas, pero Faemino y Cansado hubieran tomado apuntes! Creo que no me equivocaré si me aventuro a afirmar que... pa' mí que lo que más les gustó fue el vinito del país!!!!!
Pensarán que esta ha sido una historia muy cortita... Así me gusta!! Que sean observadores y que ejerciten el cerebrito un poco todos los días!!! Ahora me voy a tomar una Coca~cola, que me están esperando "La Boni" y "La Juli".
07 diciembre 2008
La Creación
Al principio sólo estaba La Naturaleza. Y el Hombre contemplaba en el cielo las estrellas como puntos de luz, mientras las estrellas, ajenas a los ojos del Hombre, repetían su eco luminoso cada noche. El Hombre contemplaba también la lluvia que caía, y la lluvia lo mojaba todo. El sol calentaba y despejaba la oscuridad allá donde sus rayos pudieran serpear... Así el Hombre vagaba por el mundo sin cuestionar a La Naturaleza, sin más preocupación que vivir. Y era feliz y aceptaba la vida. Pero vivir eran infinitos caminos hacia un mismo destino, y un día el Hombre quiso saber. Le preguntaba a La Naturaleza, pero torpe como era por aquellos tiempos, no hallaba respuesta alguna. Inconforme, trataba de alcanzar la fuente de la lluvia subiendo a las montañas mas altas, perseguía al sol mas allá del horizonte y contaba las estrellas cada noche. Y si alguna vez obtenía el Hombre una respuesta, de ella surgían nuevas preguntas. Por eso, cansado en su búsqueda, ansioso por saber e incapaz de esperar, el Hombre decidió saltarse el orden establecido por La Naturaleza. Y es así que creó los dioses.
18 noviembre 2008
El Expresivoextraversionismo.
Hola chatungos!!!!! Les voy a contar unas cositas!!!!! Pónganse las gafas que vamos a empezar:
Balkanarama es el nombre de una fiesta que se celebra en el club Studio 24 cada cierto tiempo. La fiesta empieza con algunos pinchadiscos que amenizan la tarde y acaba con un concierto en vivo. El nombre de la fiesta hace alusión a que toda la música que se reproduce e interpreta es música balcánica (algo así como ska-judío-folclórico con pinceladas greco-turcas. Clarito, no?) Pues se da el caso de que a dicha fiesta acudimos mis amigos, mi "sexapil" y yo en busca de nuevas sensaciones cachondistico-culturales (Lo que a mi me gusta, vamos!!! El enriquecimiento de la mente a través del jolgorio y el intercambio cultural de números de teléfono y fluidos variados). Ya en la cola para entrar al Studio 24 se dejaba notar mi magnetismo cuando, ni corta ni ciega, una sueca se puso a hablar conmigo. Así pues la cola nos condujo al interior de la sala, y allí, nada mas entrar, nos ofrecieron un chupito gratis de "dschsdeuwuijoska" casero, que no pudimos rechazar. Curiosamente el "dschsdeuwuijoska" sabia a "dschsdeuwuijoska" (la traducción literal vendría a ser algo así como "rayos"), pero... y lo calentito que nos dejó, eh??! Después del enjuague bucal nos dirigimos todos al unísono hacia la barra, no porque seamos unos borrachos, sino para pedir una cerveza con la que poder quitarnos el mal sabor de boca del "dschsdeuwuijoska". El siguiente paso fue colocarnos estratégicamente (en todos los sentidos), de modo que pudiéramos ver el escenario con claridad, y solo un escenario y una banda, puesto que no actuaban más bandas y queríamos ver a "La Orquesta del Sol" y no a "La La Orquesta Orquesta del del Sol Sol". (No se si me explico!) Ahora bien, cuando llegamos y nos posicionamos no había sino cuatro pelagatos a nuestro alrededor, pero poco a poco la muchedumbre nos fue rodeando y apretujando hasta alcanzar la situación un semblante carnavalesco. Esto significa dos cosas: periquitas y cuerpos sudorosos!!!!!! En tal situación y habiéndome percatado de la presencia de una pequeña joven de atractivo estelar y fisonomía hispánica, no tuve mas remedio que "revolotiarla" dejando mis encantos fluir, echándole miradas de tigre y sonrisas de oso panda. Tras varias miradas y algunos revoloteos, me acerqué a su oído y le susurré: "Te vi a meter por tos los gujeros, jacaaaa, que eres una jacaaa!"... hummm, no, creo que esto sólo lo pensé!!! El hecho es que comencé con ella una interesante conversación. Aunque hablaba español con fluidez, resultó ser que la chica era polaca... y madre mía, que estupendísima que estaba!!! Mientras tanto, otras dos muchachas me "revolotiaban" a mí. Cosa ésta poco sorprendente si tenemos en cuenta mi atractivo natural y la falta de espacio. Así pues, me había fijado un objetivo para la noche: bailar la lambada a ritmo de música balcánica con la chati polaca. Entre idas y venidas a la barra, una nueva e interesante individua apareció en escena, y como bien aprendí en Agrícolas, de una semilla sólo sale una planta, así que me dispuse a sembrar una segunda semilla. La jugada estaba clara: botar desprendiendo "sexapil" y tantear y, o tontear a tontas y a locas a la vez que encelar a las mocitas intentando discernir alguna muestra de interés por su parte. Y poco a poco la balanza se inclinó hacia la candidata numero dos: "La Inglesita" (que viene del inglés y no de las ingles). Se preguntarán por qué me decanté por la segunda, que no era tan espectacular como la primera (nooooo, no era fea), y no por la primera, que era más espectacular que la segunda. Pues simple y llanamente porque la primera parecía estar muy solicitada y pasar de mi "culamen", mientras que la segunda se percibía receptiva. Que si un bailito por aquí, que si una charlita por allá... Y entonces llegó el momento! Ella se disponía a ir a la barra a pedirse un vasito de agua. Yo, que soy muy avispado, la acompañé. Entonces, sedientos como estábamos, nos tomamos un vasito de agua entre los dos, lo cual dio paso a mi momento de galán tipo Paul Newman, y allí, junto a la barra, le propiné un ósculo cándido a la par que tórrido. Todo apuntaba a que esa noche las campanas repicarían en mi honor. Volvimos a la pista. Bailamos. Esta vez más apasionadamente, regalándonos un arrumaco entre giro y giro, una mirada pícara entre paso y paso... El concierto se acercaba a su fin y el desenlace de la noche se aproximaba. Fue en aquel preciso instante, cuando La Inglesita me hizo "la jugada de Carmela"!!!! Desde entonces resuenan en mi cabeza las sabias palabras de Mecano: "Si la tía está de vicio, acompáñala al servicio; No seas acomodaticio, acompáñala al servicio; Cuando veas que hay bullicio, acompáñala al servicio; En tu propio beneficio, acompáñala al servicio; Cuando te haga algún extraño, acompáñala hasta el baño; Cuando veas merodeo, acompáñala al aseo; Si le chirría el cojinete, acompáñala al retrete". Sí, mis torreznos churruscados! Se fue al baño y nunca volvió. Habrá sido porque además de la mirada de tigre también tenia el olor y la camiseta empapada de sudor? Yo creí que eso las excitaba!!! En fin... para preguntas como esta y qué hay después de la muerte no hay respuestas sino opiniones... aunque unas puedan ser mas convincentes que otras!!
Pocos días después del Balkanarama, cogí un avión para ir a París. Allí me esperaban cuatro de las sirenas de Gran Canaxos. Antes de salir de casa para tomar el avión, llevé a cabo un plan que había estado meditando minuciosamente. Para ello, los días previos al viaje había seleccionado con cuidado aquello que comía, hasta que por fin, en la nevera solo quedó una cosa. Una cosa que sería mi desayuno el día señalado. Un desayuno de campeón sin Cola~Cao. Llegado el momento, abrí la nevera, saqué mi desayuno y me lo preparé con esmero: vuelta y vuelta en la sartén. Todo ser humano que se precie debería comerse alguna vez una morcilla pa' desayunar. Así!!! Sin pan ni nada!!! Una morcilla en todo su esplendor y longitud acompañada de un vaso de agua!!!!! Porque no tenía vino, que si no...!!! Bueno... pues el avión aterrizó en el aeropuerto Charles de Gaulle. Directamente, del avión me fui a coger un tren. Una vez en el tren, le envié un mensaje a una de las niñas para avisarlas de que en breve me reuniría con ellas. Sin embargo, poco antes de llegar a la parada en la que me tenía que bajar, oí unas voces que hablaban en perfecto castellano, y a medida que se acercaban pude reconocerlas. Eran ellas, las sirenas. Cuando las tuve a mi altura, eché una miradita de reojo y... me hice el "longui" y las dejé pasar de largo para que no me montaran un numerito en mitad del tren nada más llegar. Poco después, coincidimos en el andén, donde me explicaron que habían recorrido el tren de punta a punta en mi busca... Si ellas supieran!!!! De aquí nos fuimos a la residencia. La residencia es algo así como una cárcel, pero en la que tú tienes la llave de tu celda. Hay laaaaargos corredores con puertas numeradas a ambos lados. Cada habitación es un suspiro y los baños y cocinas son comunes.
Así pues, la primera noche en París nos fuimos a una discoteca, a una fiesta de Erasmus. Poco hay destacable de esta noche. Bailoteamos, bebimos, invité a un mexicano que conocí en la barra a una cerveza de cinco euros, una de las niñas se besuqueó con un negrata... Para dormir fui desterrado a una habitación en el tercer piso, mientras las sirenas dormían todas juntas en la planta baja. La soledad me hizo añorar la compañía de algún amigo con quien poder compartir la experiencia y las batallitas que se hubieran podido originar. Los días que siguieron, con las sirenas subí a la Torre Eiffel, recorrí las calles de Monmartre, tomé cerveza en el café Les Deux Moulins (el de Amélie), visité Versalles, anduve por el Moulin Rouge, vi películas, comí pizza y crepe, hablé de sexo, practiqué el francés (hablado y escrito), fui a un sex-shop y muchas cosas más... pero siempre eché de menos un cómplice. Viéndolas a ellas, su unidad, su mágica conexión, sentí la extremidad fantasma del mutilado. Y para hacer mayor mi nostalgia, la Princesa de las sirenas, cuyos ojos fueron una vez estrellas verdes que refulgían al mirarme, ahora me miraba con ojos que no eran más que ojos. No obstante, he de decir que lo pasé bien. El espíritu de La Bohemia, invisible y acumulativo como los rayos X, latente, fencundó mi alma que dormitaba. Pero como cualquier embarazada, no me percaté de mi estado de gracia hasta pasado algún tiempo. No mucho...
Nuevamente en el aeropuerto, con el ánimo de quien regresa a la rutina,me disponía a tomar el avión de vuelta a Edimburgo. En mi cabeza circulaban imágenes de París y sonaba el acordeón del músico ambulante. Entonces una joven se sentó a mi lado en el salón de la puerta de embarque. Era una muchacha muy atractiva, mas o menos de mi estatura, con gafas. Le eché una miradita, primero de reojo, después más directamente. Ella también me miró. De repente comencé a notar algo en mi interior. Era como si un ser hubiera estado hibernando por mucho tiempo dentro de mí y ahora comenzara a desperezarse. Instantaneamente la música del acordeón paró de sonar en mi cabeza. Ahora sólo escuchaba los ruidos del salón, de las cosas que me rodeaban, y en mi cabeza una voz que decía: "Soy yo. He vuelto. Me alegro de verte". Entonces la chica se levantó de su asiento y me dijo en francés: "Te importa echarle un ojo a mis maletas, vuelvo enseguida". Sin dudar lo más minimo le dije que sí. La voz en mi cabeza volvió a hablar: "Bienvenido de vuelta, poeta. Poeta?!! O lo que tú quieras! Sí, lo que yo quiera". Un bosquejo de sonrisa se plasmó en mi cara. Como el lagarto que se desprende de la piel muerta para seguir creciendo, así me desprendí yo de la introversión, la nostalgia y la desidia que se había aferrado a mí por largo tiempo. Y así, crecido tras mi renacimiento "expresivoextraversionista", me encontró la joven atractiva cuando volvió a sentarse a mi lado. Habiendo cuidado su equipaje, tuve la excusa perfecta para usar el francés con vocablos y giros exóticos (chapurrear según la RAE) y entablar una conversacion con la chica. Seguimos charlando mientras ibamos hacia el avión, y a mitad de camino otra francesa se unió a la conversación. En ese momento fue cuando yo la abandoné. Una cosa son los vocablos y los giros exóticos del idioma y otra muy distinta la monotonía de la corrección!!!!! Quita quita!!! Qué aburrimiento!!! Así que las dejé que alegaran, hasta que una vez dentro del aeroplano, pizpireto y vivaracho, les dije que se sentaran a mi lado. Luego las dejé que siguieran alegando... Para abreviar les diré que conseguí intercambiar teléfonos con ambas. No les voy a contar las técnicas sofisticadas que usé para ello (algunos no lo entenderían y además podría tomarme mucho tiempo), pero creanme si les digo que fueron varias, distintas y hasta de galán tipo "te llevo la maleta"!!
Un par de semanas después, vinieron de visita a Mordor unas amigas. Una de ellas, compañera mía de agrícolas que había venido a visitar a su mejor amiga en Inglaterra, a su vez amiga mía a la cual conocí en Edimburgo sin saber que era amiga de la otra (sí, no??!!!!). Pues con ellas vinieron tres amigos más: un chico y dos chicas. Las chicas viven en Inglaterra donde mi amiga, y el chico vino a visitar a una de las chicas (todo bien, no? Clarito!). Pues de las dos chicas, la que no era amiga del chico, esta casada (bien!). Pues como cada vez que viene una visita, quedamos e hicimos lo que es menester y salimos de turisteo-copeteo-papeo. Y ocurría aquel día que era sábado, que Escocia se enfrentaba a Nueva Zelanda en un partido de rugby y el chico lo queria ver al más puro estilo escocés (esto es en un "pub" bebiendo "pints", que total, si cambias pub por bar y pints por cervezas te queda como si lo vieras en España... para algunos en su propia casa!!). Ahora bien, la hora del partido se acercaba y las ganas de caminar se habían acabado, de modo que nos metimos en un barito acogedor, chiquito, coqueto y no repleto de gente en el que iban a poner el partido. Nos pedimos unas cervezas y nos sentamos en una mesa. En la barra había un grupo de escoceses también dispuestos a disfrutar del rugby. No sé si lo disfrutaron más o menos que nosotros... Con nosotros había una chica escocesa, pero no es muy aficionada al rugby... Y Escocia perdió, así que a lo mejor lo disfrutaron menos... Aunque a lo mejor lo disfrutaron más, porque como jugaba su país y a nosotros nos daba igual quien ganara... Además el rugby tampoco nos hacía una ilusión especial a ninguno... Entonces tal vez lo disfrutaron más que nosotros aunque perdieron... O lo disfrutaron menos porque lo vieron por la tele y nosotros (el chico y yo) lo vimos en el estadio?!!! hihihihihi Sí, mis perracos perraquetes. Mientras estábamos sentados a la mesa del bar, uno de los "mordorianos" se acercó y nos regaló dos entradas. Dos entradas de cincuenta libras cada una. Nos explicó que estaban de despedida de soltero, que por eso no iban y que era mejor que alguien aprovechara las entradas. Tras unos momentos de duda e incredulidad, el otro chico y yo agarramos las entradas y salimos a buscar un taxi. En veintipocos minutos llegamos al estadio. Ya dentro del estadio nos dirigimos a nuestras localidades, pero antes, a través de un portón enorme que daba de lleno al campo, en el mismo plano, disfrutamos la "Haka Maorí" de los neozelandeses. Para quien no sepa lo que es, la Haka es lo que Cantinflas vendría a definir como "un baile asustoso que los hombretones... (tan grandotes!! pues mire usted si son grandes que si los abrasas los pellizcas)... pues eso...!! que los hombretotes le danzan a los individuos representativos de la oposición!!!!! Y visto esto, nos fuimos a comprar unas garimbitas pa' pasar el encuentro frescos. Tras la paliza recibida por Escocia, nos volvimos a reunir con las chicas. Y de un bar fuimos a otro, hasta que por fin terminamos en una minidiscoteca. Una vez más mi "sexapil" se disparó incontrolable! Mientras bromeaba y bailaba con la joven casada, me percaté de que ella, sin remedio, se veía atrapada por mis encantos viriles. Me contaba cosas íntimas y me halaba de la mano pa' que la acompañara a fumar... Y yo no fumo!!!!!!! Me resistía a caer en la tentación, pero mi mente sucia me jugaba malas pasadas...!!!
La música había cesado y era momento de marcharse a casa... pero "a que caaaasa?" decía otra vez una voz en mi cabeza. Ya en la calle, con la mente difusa, a punto de ceder... que coño! a la mieeeeeerda!!!!! Y en ese momento, quien sabe si por fortuna o infortunio, nuestra patrulla de amigos vino en su rescate y se la llevó sana y salva a su hostalito.
Para finalizar, les contaré que he conducido un coche británico por primera vez. No corrí demasiado peligro, porque lo hice por dentro del castillo de Edimburgo, sin tráfico... ...iba cargado de cosas, eso sí... ...es que era una furgoneta... ...y sin cristales atrás, así que tuve que guiarme sólo por los retrovisores laterales... ...Discúlpenme!... ...es que después de los parrafos anteriores no hay manera de que le dé emoción a esta mierda de anécdota!!!!! ...Bueno... imagínense a Chuck Norris y a Charles Bronson...!! A que emocionan los muy jodidos!
Balkanarama es el nombre de una fiesta que se celebra en el club Studio 24 cada cierto tiempo. La fiesta empieza con algunos pinchadiscos que amenizan la tarde y acaba con un concierto en vivo. El nombre de la fiesta hace alusión a que toda la música que se reproduce e interpreta es música balcánica (algo así como ska-judío-folclórico con pinceladas greco-turcas. Clarito, no?) Pues se da el caso de que a dicha fiesta acudimos mis amigos, mi "sexapil" y yo en busca de nuevas sensaciones cachondistico-culturales (Lo que a mi me gusta, vamos!!! El enriquecimiento de la mente a través del jolgorio y el intercambio cultural de números de teléfono y fluidos variados). Ya en la cola para entrar al Studio 24 se dejaba notar mi magnetismo cuando, ni corta ni ciega, una sueca se puso a hablar conmigo. Así pues la cola nos condujo al interior de la sala, y allí, nada mas entrar, nos ofrecieron un chupito gratis de "dschsdeuwuijoska" casero, que no pudimos rechazar. Curiosamente el "dschsdeuwuijoska" sabia a "dschsdeuwuijoska" (la traducción literal vendría a ser algo así como "rayos"), pero... y lo calentito que nos dejó, eh??! Después del enjuague bucal nos dirigimos todos al unísono hacia la barra, no porque seamos unos borrachos, sino para pedir una cerveza con la que poder quitarnos el mal sabor de boca del "dschsdeuwuijoska". El siguiente paso fue colocarnos estratégicamente (en todos los sentidos), de modo que pudiéramos ver el escenario con claridad, y solo un escenario y una banda, puesto que no actuaban más bandas y queríamos ver a "La Orquesta del Sol" y no a "La La Orquesta Orquesta del del Sol Sol". (No se si me explico!) Ahora bien, cuando llegamos y nos posicionamos no había sino cuatro pelagatos a nuestro alrededor, pero poco a poco la muchedumbre nos fue rodeando y apretujando hasta alcanzar la situación un semblante carnavalesco. Esto significa dos cosas: periquitas y cuerpos sudorosos!!!!!! En tal situación y habiéndome percatado de la presencia de una pequeña joven de atractivo estelar y fisonomía hispánica, no tuve mas remedio que "revolotiarla" dejando mis encantos fluir, echándole miradas de tigre y sonrisas de oso panda. Tras varias miradas y algunos revoloteos, me acerqué a su oído y le susurré: "Te vi a meter por tos los gujeros, jacaaaa, que eres una jacaaa!"... hummm, no, creo que esto sólo lo pensé!!! El hecho es que comencé con ella una interesante conversación. Aunque hablaba español con fluidez, resultó ser que la chica era polaca... y madre mía, que estupendísima que estaba!!! Mientras tanto, otras dos muchachas me "revolotiaban" a mí. Cosa ésta poco sorprendente si tenemos en cuenta mi atractivo natural y la falta de espacio. Así pues, me había fijado un objetivo para la noche: bailar la lambada a ritmo de música balcánica con la chati polaca. Entre idas y venidas a la barra, una nueva e interesante individua apareció en escena, y como bien aprendí en Agrícolas, de una semilla sólo sale una planta, así que me dispuse a sembrar una segunda semilla. La jugada estaba clara: botar desprendiendo "sexapil" y tantear y, o tontear a tontas y a locas a la vez que encelar a las mocitas intentando discernir alguna muestra de interés por su parte. Y poco a poco la balanza se inclinó hacia la candidata numero dos: "La Inglesita" (que viene del inglés y no de las ingles). Se preguntarán por qué me decanté por la segunda, que no era tan espectacular como la primera (nooooo, no era fea), y no por la primera, que era más espectacular que la segunda. Pues simple y llanamente porque la primera parecía estar muy solicitada y pasar de mi "culamen", mientras que la segunda se percibía receptiva. Que si un bailito por aquí, que si una charlita por allá... Y entonces llegó el momento! Ella se disponía a ir a la barra a pedirse un vasito de agua. Yo, que soy muy avispado, la acompañé. Entonces, sedientos como estábamos, nos tomamos un vasito de agua entre los dos, lo cual dio paso a mi momento de galán tipo Paul Newman, y allí, junto a la barra, le propiné un ósculo cándido a la par que tórrido. Todo apuntaba a que esa noche las campanas repicarían en mi honor. Volvimos a la pista. Bailamos. Esta vez más apasionadamente, regalándonos un arrumaco entre giro y giro, una mirada pícara entre paso y paso... El concierto se acercaba a su fin y el desenlace de la noche se aproximaba. Fue en aquel preciso instante, cuando La Inglesita me hizo "la jugada de Carmela"!!!! Desde entonces resuenan en mi cabeza las sabias palabras de Mecano: "Si la tía está de vicio, acompáñala al servicio; No seas acomodaticio, acompáñala al servicio; Cuando veas que hay bullicio, acompáñala al servicio; En tu propio beneficio, acompáñala al servicio; Cuando te haga algún extraño, acompáñala hasta el baño; Cuando veas merodeo, acompáñala al aseo; Si le chirría el cojinete, acompáñala al retrete". Sí, mis torreznos churruscados! Se fue al baño y nunca volvió. Habrá sido porque además de la mirada de tigre también tenia el olor y la camiseta empapada de sudor? Yo creí que eso las excitaba!!! En fin... para preguntas como esta y qué hay después de la muerte no hay respuestas sino opiniones... aunque unas puedan ser mas convincentes que otras!!
Pocos días después del Balkanarama, cogí un avión para ir a París. Allí me esperaban cuatro de las sirenas de Gran Canaxos. Antes de salir de casa para tomar el avión, llevé a cabo un plan que había estado meditando minuciosamente. Para ello, los días previos al viaje había seleccionado con cuidado aquello que comía, hasta que por fin, en la nevera solo quedó una cosa. Una cosa que sería mi desayuno el día señalado. Un desayuno de campeón sin Cola~Cao. Llegado el momento, abrí la nevera, saqué mi desayuno y me lo preparé con esmero: vuelta y vuelta en la sartén. Todo ser humano que se precie debería comerse alguna vez una morcilla pa' desayunar. Así!!! Sin pan ni nada!!! Una morcilla en todo su esplendor y longitud acompañada de un vaso de agua!!!!! Porque no tenía vino, que si no...!!! Bueno... pues el avión aterrizó en el aeropuerto Charles de Gaulle. Directamente, del avión me fui a coger un tren. Una vez en el tren, le envié un mensaje a una de las niñas para avisarlas de que en breve me reuniría con ellas. Sin embargo, poco antes de llegar a la parada en la que me tenía que bajar, oí unas voces que hablaban en perfecto castellano, y a medida que se acercaban pude reconocerlas. Eran ellas, las sirenas. Cuando las tuve a mi altura, eché una miradita de reojo y... me hice el "longui" y las dejé pasar de largo para que no me montaran un numerito en mitad del tren nada más llegar. Poco después, coincidimos en el andén, donde me explicaron que habían recorrido el tren de punta a punta en mi busca... Si ellas supieran!!!! De aquí nos fuimos a la residencia. La residencia es algo así como una cárcel, pero en la que tú tienes la llave de tu celda. Hay laaaaargos corredores con puertas numeradas a ambos lados. Cada habitación es un suspiro y los baños y cocinas son comunes.
Así pues, la primera noche en París nos fuimos a una discoteca, a una fiesta de Erasmus. Poco hay destacable de esta noche. Bailoteamos, bebimos, invité a un mexicano que conocí en la barra a una cerveza de cinco euros, una de las niñas se besuqueó con un negrata... Para dormir fui desterrado a una habitación en el tercer piso, mientras las sirenas dormían todas juntas en la planta baja. La soledad me hizo añorar la compañía de algún amigo con quien poder compartir la experiencia y las batallitas que se hubieran podido originar. Los días que siguieron, con las sirenas subí a la Torre Eiffel, recorrí las calles de Monmartre, tomé cerveza en el café Les Deux Moulins (el de Amélie), visité Versalles, anduve por el Moulin Rouge, vi películas, comí pizza y crepe, hablé de sexo, practiqué el francés (hablado y escrito), fui a un sex-shop y muchas cosas más... pero siempre eché de menos un cómplice. Viéndolas a ellas, su unidad, su mágica conexión, sentí la extremidad fantasma del mutilado. Y para hacer mayor mi nostalgia, la Princesa de las sirenas, cuyos ojos fueron una vez estrellas verdes que refulgían al mirarme, ahora me miraba con ojos que no eran más que ojos. No obstante, he de decir que lo pasé bien. El espíritu de La Bohemia, invisible y acumulativo como los rayos X, latente, fencundó mi alma que dormitaba. Pero como cualquier embarazada, no me percaté de mi estado de gracia hasta pasado algún tiempo. No mucho...
Nuevamente en el aeropuerto, con el ánimo de quien regresa a la rutina,me disponía a tomar el avión de vuelta a Edimburgo. En mi cabeza circulaban imágenes de París y sonaba el acordeón del músico ambulante. Entonces una joven se sentó a mi lado en el salón de la puerta de embarque. Era una muchacha muy atractiva, mas o menos de mi estatura, con gafas. Le eché una miradita, primero de reojo, después más directamente. Ella también me miró. De repente comencé a notar algo en mi interior. Era como si un ser hubiera estado hibernando por mucho tiempo dentro de mí y ahora comenzara a desperezarse. Instantaneamente la música del acordeón paró de sonar en mi cabeza. Ahora sólo escuchaba los ruidos del salón, de las cosas que me rodeaban, y en mi cabeza una voz que decía: "Soy yo. He vuelto. Me alegro de verte". Entonces la chica se levantó de su asiento y me dijo en francés: "Te importa echarle un ojo a mis maletas, vuelvo enseguida". Sin dudar lo más minimo le dije que sí. La voz en mi cabeza volvió a hablar: "Bienvenido de vuelta, poeta. Poeta?!! O lo que tú quieras! Sí, lo que yo quiera". Un bosquejo de sonrisa se plasmó en mi cara. Como el lagarto que se desprende de la piel muerta para seguir creciendo, así me desprendí yo de la introversión, la nostalgia y la desidia que se había aferrado a mí por largo tiempo. Y así, crecido tras mi renacimiento "expresivoextraversionista", me encontró la joven atractiva cuando volvió a sentarse a mi lado. Habiendo cuidado su equipaje, tuve la excusa perfecta para usar el francés con vocablos y giros exóticos (chapurrear según la RAE) y entablar una conversacion con la chica. Seguimos charlando mientras ibamos hacia el avión, y a mitad de camino otra francesa se unió a la conversación. En ese momento fue cuando yo la abandoné. Una cosa son los vocablos y los giros exóticos del idioma y otra muy distinta la monotonía de la corrección!!!!! Quita quita!!! Qué aburrimiento!!! Así que las dejé que alegaran, hasta que una vez dentro del aeroplano, pizpireto y vivaracho, les dije que se sentaran a mi lado. Luego las dejé que siguieran alegando... Para abreviar les diré que conseguí intercambiar teléfonos con ambas. No les voy a contar las técnicas sofisticadas que usé para ello (algunos no lo entenderían y además podría tomarme mucho tiempo), pero creanme si les digo que fueron varias, distintas y hasta de galán tipo "te llevo la maleta"!!
Un par de semanas después, vinieron de visita a Mordor unas amigas. Una de ellas, compañera mía de agrícolas que había venido a visitar a su mejor amiga en Inglaterra, a su vez amiga mía a la cual conocí en Edimburgo sin saber que era amiga de la otra (sí, no??!!!!). Pues con ellas vinieron tres amigos más: un chico y dos chicas. Las chicas viven en Inglaterra donde mi amiga, y el chico vino a visitar a una de las chicas (todo bien, no? Clarito!). Pues de las dos chicas, la que no era amiga del chico, esta casada (bien!). Pues como cada vez que viene una visita, quedamos e hicimos lo que es menester y salimos de turisteo-copeteo-papeo. Y ocurría aquel día que era sábado, que Escocia se enfrentaba a Nueva Zelanda en un partido de rugby y el chico lo queria ver al más puro estilo escocés (esto es en un "pub" bebiendo "pints", que total, si cambias pub por bar y pints por cervezas te queda como si lo vieras en España... para algunos en su propia casa!!). Ahora bien, la hora del partido se acercaba y las ganas de caminar se habían acabado, de modo que nos metimos en un barito acogedor, chiquito, coqueto y no repleto de gente en el que iban a poner el partido. Nos pedimos unas cervezas y nos sentamos en una mesa. En la barra había un grupo de escoceses también dispuestos a disfrutar del rugby. No sé si lo disfrutaron más o menos que nosotros... Con nosotros había una chica escocesa, pero no es muy aficionada al rugby... Y Escocia perdió, así que a lo mejor lo disfrutaron menos... Aunque a lo mejor lo disfrutaron más, porque como jugaba su país y a nosotros nos daba igual quien ganara... Además el rugby tampoco nos hacía una ilusión especial a ninguno... Entonces tal vez lo disfrutaron más que nosotros aunque perdieron... O lo disfrutaron menos porque lo vieron por la tele y nosotros (el chico y yo) lo vimos en el estadio?!!! hihihihihi Sí, mis perracos perraquetes. Mientras estábamos sentados a la mesa del bar, uno de los "mordorianos" se acercó y nos regaló dos entradas. Dos entradas de cincuenta libras cada una. Nos explicó que estaban de despedida de soltero, que por eso no iban y que era mejor que alguien aprovechara las entradas. Tras unos momentos de duda e incredulidad, el otro chico y yo agarramos las entradas y salimos a buscar un taxi. En veintipocos minutos llegamos al estadio. Ya dentro del estadio nos dirigimos a nuestras localidades, pero antes, a través de un portón enorme que daba de lleno al campo, en el mismo plano, disfrutamos la "Haka Maorí" de los neozelandeses. Para quien no sepa lo que es, la Haka es lo que Cantinflas vendría a definir como "un baile asustoso que los hombretones... (tan grandotes!! pues mire usted si son grandes que si los abrasas los pellizcas)... pues eso...!! que los hombretotes le danzan a los individuos representativos de la oposición!!!!! Y visto esto, nos fuimos a comprar unas garimbitas pa' pasar el encuentro frescos. Tras la paliza recibida por Escocia, nos volvimos a reunir con las chicas. Y de un bar fuimos a otro, hasta que por fin terminamos en una minidiscoteca. Una vez más mi "sexapil" se disparó incontrolable! Mientras bromeaba y bailaba con la joven casada, me percaté de que ella, sin remedio, se veía atrapada por mis encantos viriles. Me contaba cosas íntimas y me halaba de la mano pa' que la acompañara a fumar... Y yo no fumo!!!!!!! Me resistía a caer en la tentación, pero mi mente sucia me jugaba malas pasadas...!!!
La música había cesado y era momento de marcharse a casa... pero "a que caaaasa?" decía otra vez una voz en mi cabeza. Ya en la calle, con la mente difusa, a punto de ceder... que coño! a la mieeeeeerda!!!!! Y en ese momento, quien sabe si por fortuna o infortunio, nuestra patrulla de amigos vino en su rescate y se la llevó sana y salva a su hostalito.
Para finalizar, les contaré que he conducido un coche británico por primera vez. No corrí demasiado peligro, porque lo hice por dentro del castillo de Edimburgo, sin tráfico... ...iba cargado de cosas, eso sí... ...es que era una furgoneta... ...y sin cristales atrás, así que tuve que guiarme sólo por los retrovisores laterales... ...Discúlpenme!... ...es que después de los parrafos anteriores no hay manera de que le dé emoción a esta mierda de anécdota!!!!! ...Bueno... imagínense a Chuck Norris y a Charles Bronson...!! A que emocionan los muy jodidos!
10 octubre 2008
El Iglú
El miércoles por la noche llegó Fer. El jueves, Agi. Y el viernes llegó Eva. Así comenzó un fin de semana de seis en El Iglú. Muchos se preguntarán qué es El Iglú, mientras que otros ya saben de qué hablo. Son pocos aquellos de ustedes que lo han visitado, y ninguno ha experimentado en sus propias carnes su crueldad más extrema. El Iglú se encuentra en el 21/3F2 de Montague Street, en Edimburgo. Desde el exterior nada sugiere a la mente lo que en el interior aguarda. Al contrario. Muchas veces lo inhóspito del ambiente exterior hace soñar a las almas cándidas que llegan hasta la puerta de El Iglú. Y sueñan con confort!! JA JA JA JA JA JA JA JA!!!!!! La puerta de acceso al edificio, marrón y fea que da miedo, conduce a las escaleras helicoidales a través de un angosto pasillo de paredes grises sin pintar. Y las escaleras suben un piso, dos pisos y tres. En el último, la luz que el día tiene por bien regalar desde el tragaluz, ilumina la puerta de El Iglú. En el marco de la puerta un pequeño tirador. En el interior, una cadena que conecta el tirador a una campana. La campana que ha de alertar a los moradores de El Iglú de que alguien ha osado visitarles.
Por esta puerta entraron Fer, Agi y Eva. Y aunque ellos tampoco habían cambiado mucho desde la última vez que vieron a Migue y a Fernando, se sorprendieron al ver que estos estaban tal y como les recordaban. Como Fer fue el primero en llegar, la primera noche la pasó con Migue en su cuarto. Allí su anfitrión le había preparado una cama que consistía en un colchón sobre dos ensamblajes de madera similares a palés. Al día siguiente los moradores de El Iglú salieron pronto para ir a trabajar o estudiar, dejando a Fer solo. Cuando la mañana cedía paso a la tarde, a Migue le sonó el teléfono. Al contestar, sintió una voz angustiada al otro lado del auricular. Era una voz familiar. Era la voz de Fer que repetía: "cómo coño se cierra la ducha?!!!". Fer se había levantado tarde y había decidido darse un agüita. No hay datos del tiempo que tardó en regular la temperatura, ni de si pudo disfrutar de la ducha, solo se sabe que al terminar, cuando quiso cerrar el agua no pudo. Asustado, corrió por toda la casa en busca de una llave de paso. Pero no la encontró. Entonces salió despavorido de El Iglú, aporreando las puertas de los vecinos, tratando de encontrar a alguien que le mostrara donde se encuentra la puñetera llave de paso. Un amable vecino, le dejo pasar para mostrárselo. Le indicó el lugar exacto dentro de un pequeño armario en la cocina. Fer sólo tuvo que adentrarse unos pasos en la casa del vecino, sólo un par de minutos, para darse cuenta de que algo extraño ocurría en el 3F2. Mientras se hallaba en la casa de este buen samaritano, de repente sintió como si despertara. Como si todo el tiempo que había pasado en El Iglú hubiese estado sonámbulo. Aletargado, se podría decir. Sin tiempo para reflexionar, Fer corrió escaleras arriba desde el primer piso, entro en la cocina del 3F2 y abrió el armario equivalente al del vecino. Los ojos de Fer se llenaron de diminutos cristales cuando descubrió que allí, en el interior de aquel armario, el cual había vaticinado ser su salvación, no había más que el contador del gas y muchos trastos. Fue en aquel momento de desesperación cuando Fer llamó a Migue. Éste le dijo que había un truquito para cerrar el agua, y se lo explico por teléfono. Esperando con el auricular en la oreja, Migue escuchaba como Fer se debatía en una lucha furiosa con la perilla de la ducha. "Rac, raaac, raaaaccc" sonaba la perilla al girar. "Aprieta hacia adentro", decía Migue. Pero Fer no atinaba a cortar el flujo de agua. Por cada giro de la llave, una gota de sudor caía de la frente del joven. Así pues, aconsejado por Migue, Fer caminó con prontitud a la piscina donde trabaja Fernando, para que este pusiera fin a su sufrimiento...
Horas más tarde, Migue llegó a casa y encontró a Fer tomando un piscolabis. Había conseguido parar el agua de la ducha. Fernando le había revelado uno de los secretos de El Iglú. Uno de los truquitos. En la tubería que suministra la ducha hay un tornillito que funciona a modo de llave de paso. CHAAAAAAANNNNN!!!!! (Creanme! Yo también me sorprendí!!)
En una conversación de esas conocidas como "de hombre a hombre" Fer le hizo una confesión a Migue. Fer, en un arranque de valentía, le dijo a su anfitrión que la noche anterior, cuando ambos estaban en el cuarto, no había podido dormir. Y la razón era que... CHANTATACHAAAN!!! Había pasado un fríiiiiiiio de cojooooonessss. En un momento tan dramático como este llegó otro de los moradores: Boni. Se unió a la conversación y se dispuso a fregarse algún cacharro para calentarse la comida. Fer aprovechó para ir al baño. En un acto reflejo inconsciente, Boni abrió la llave del fregadero que lleva la inscripción "HOT". Al sentir el agua en sus manos Boni gritó!!! Migue, que se encontraba sentado a la mesa, la miró con asombro, sin entender. La inscripción en la llave había tomado sentido! El agua salía "HOT"!!!! Fer, desde la puerta de la cocina, debió sentirse como un explorador que observa a dos primitivos entretenerse con sus gafas, algo simple a los ojos del primero, pero novedoso y mágico para los segundos. Se acercó a ellos y con aire incrédulo les preguntó: "Pero no sabíais que había agua caliente?!!!!!" Así, los moradores de El Iglú descubrieron que aquel interruptor misterioso que parecía no servir para nada, servía para algo. Y vaya si servía!! Por eso el detallito de la caldera en otro de los armarios de la cocina!!! Fer les contó que dos años y medio atrás, cuando él mismo vivió un par de meses en el 3F2, ese había sido el primer truquito que le habían enseñado los antiguos moradores.
Al llegar la noche, Fer, Fernando, Boni y Migue esperaban a Agi. La noche siguiente, un comité de bienvenida compuesto por Agi, Fer, Fernando y Migue recogieron a Eva en la parada de guaguas frente a la estación de tren. Todos juntos caminaron hacia el 21/3F2 de Montague Street. Hacía mucho frío en la calle, así que todos iban bien abrigados. Todos excepto Eva, que viniendo de Madrid no podía imaginar que a principios de octubre pudiera hacer un frío tan puto en ninguna parte. De este modo, Eva no encontró nada raro en que los demás fueran bien abrigados. Solamente al atravesar el umbral de la puerta del piso y ver a Anna, Boni y otros individuos que desconocía con suéter de lana y bufanda, se percato de que algo extraño ocurría en aquel lugar.
Pronto hubieron de descubrirle a Eva un truquito de El Iglú. Descorcharon varias botellas de vino tinto, abrieron botellines de cerveza y cantaron y rieron. Entonces, cuando todos estaban reunidos en la cocina, ocurrió algo espeluznante. Migue y Fernando sufrieron una metamorfosis sincrónica. Los ojos les hacían chiribitas mientras reían alocadamente, las bocas y los dientes se les habían puesto renegridos y lo peor: Fernando, en un arrebato de crueldad muy propio de él, había puesto un disco de Aaaaaaandy y Luuuucaaaasssssssssss!!!!!!!!!!!!! IEEEEEAAAAAAHHHGGGGGGGG!!!!!!!!!! Toma truquito!!!!!!!!!!!!!
En El Iglú hay astillas por el suelo. No camines descalzo.
En El Iglú no HABÍA agua caliente en la cocina. No uses muchos cacharros, que luego hay que fregarlos.
En El Iglú hay una bombilla por habitáculo y no iluminan una barbaridad. Orienta tu cuerpo de modo que no haga sombra sobre la tabla cuando piques pimientitos por la noche. En El Iglú se estila mucho el flexo.
En El Iglú los cacharros de la cocina no tienen asa. Cógelos con un pañito.
En El Iglú la ducha tiene truquito. Aprieta pa'dentro y gira la perilla.
En El Iglú los muebles no son de este siglo ni bonitos. Sé práctico, no pijotero.
En El Iglú hay una bola de espejos en la cocina. No preguntes.
En El Iglú no HABÍA portero porque estaba estropeado. Entra por el pasadizo subterraneo que no tiene puerta y sube un pisito más.
En El Iglú HAY portero. Habla tanto como quieras, pero entra por el pasadizo subterraneo, que el botón de abrir no funciona...
Pero sobre todo: En El Iglú NO HAY calefacción. CA-GA-TE DE FRIIIIIIO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Por esta puerta entraron Fer, Agi y Eva. Y aunque ellos tampoco habían cambiado mucho desde la última vez que vieron a Migue y a Fernando, se sorprendieron al ver que estos estaban tal y como les recordaban. Como Fer fue el primero en llegar, la primera noche la pasó con Migue en su cuarto. Allí su anfitrión le había preparado una cama que consistía en un colchón sobre dos ensamblajes de madera similares a palés. Al día siguiente los moradores de El Iglú salieron pronto para ir a trabajar o estudiar, dejando a Fer solo. Cuando la mañana cedía paso a la tarde, a Migue le sonó el teléfono. Al contestar, sintió una voz angustiada al otro lado del auricular. Era una voz familiar. Era la voz de Fer que repetía: "cómo coño se cierra la ducha?!!!". Fer se había levantado tarde y había decidido darse un agüita. No hay datos del tiempo que tardó en regular la temperatura, ni de si pudo disfrutar de la ducha, solo se sabe que al terminar, cuando quiso cerrar el agua no pudo. Asustado, corrió por toda la casa en busca de una llave de paso. Pero no la encontró. Entonces salió despavorido de El Iglú, aporreando las puertas de los vecinos, tratando de encontrar a alguien que le mostrara donde se encuentra la puñetera llave de paso. Un amable vecino, le dejo pasar para mostrárselo. Le indicó el lugar exacto dentro de un pequeño armario en la cocina. Fer sólo tuvo que adentrarse unos pasos en la casa del vecino, sólo un par de minutos, para darse cuenta de que algo extraño ocurría en el 3F2. Mientras se hallaba en la casa de este buen samaritano, de repente sintió como si despertara. Como si todo el tiempo que había pasado en El Iglú hubiese estado sonámbulo. Aletargado, se podría decir. Sin tiempo para reflexionar, Fer corrió escaleras arriba desde el primer piso, entro en la cocina del 3F2 y abrió el armario equivalente al del vecino. Los ojos de Fer se llenaron de diminutos cristales cuando descubrió que allí, en el interior de aquel armario, el cual había vaticinado ser su salvación, no había más que el contador del gas y muchos trastos. Fue en aquel momento de desesperación cuando Fer llamó a Migue. Éste le dijo que había un truquito para cerrar el agua, y se lo explico por teléfono. Esperando con el auricular en la oreja, Migue escuchaba como Fer se debatía en una lucha furiosa con la perilla de la ducha. "Rac, raaac, raaaaccc" sonaba la perilla al girar. "Aprieta hacia adentro", decía Migue. Pero Fer no atinaba a cortar el flujo de agua. Por cada giro de la llave, una gota de sudor caía de la frente del joven. Así pues, aconsejado por Migue, Fer caminó con prontitud a la piscina donde trabaja Fernando, para que este pusiera fin a su sufrimiento...
Horas más tarde, Migue llegó a casa y encontró a Fer tomando un piscolabis. Había conseguido parar el agua de la ducha. Fernando le había revelado uno de los secretos de El Iglú. Uno de los truquitos. En la tubería que suministra la ducha hay un tornillito que funciona a modo de llave de paso. CHAAAAAAANNNNN!!!!! (Creanme! Yo también me sorprendí!!)
En una conversación de esas conocidas como "de hombre a hombre" Fer le hizo una confesión a Migue. Fer, en un arranque de valentía, le dijo a su anfitrión que la noche anterior, cuando ambos estaban en el cuarto, no había podido dormir. Y la razón era que... CHANTATACHAAAN!!! Había pasado un fríiiiiiiio de cojooooonessss. En un momento tan dramático como este llegó otro de los moradores: Boni. Se unió a la conversación y se dispuso a fregarse algún cacharro para calentarse la comida. Fer aprovechó para ir al baño. En un acto reflejo inconsciente, Boni abrió la llave del fregadero que lleva la inscripción "HOT". Al sentir el agua en sus manos Boni gritó!!! Migue, que se encontraba sentado a la mesa, la miró con asombro, sin entender. La inscripción en la llave había tomado sentido! El agua salía "HOT"!!!! Fer, desde la puerta de la cocina, debió sentirse como un explorador que observa a dos primitivos entretenerse con sus gafas, algo simple a los ojos del primero, pero novedoso y mágico para los segundos. Se acercó a ellos y con aire incrédulo les preguntó: "Pero no sabíais que había agua caliente?!!!!!" Así, los moradores de El Iglú descubrieron que aquel interruptor misterioso que parecía no servir para nada, servía para algo. Y vaya si servía!! Por eso el detallito de la caldera en otro de los armarios de la cocina!!! Fer les contó que dos años y medio atrás, cuando él mismo vivió un par de meses en el 3F2, ese había sido el primer truquito que le habían enseñado los antiguos moradores.
Al llegar la noche, Fer, Fernando, Boni y Migue esperaban a Agi. La noche siguiente, un comité de bienvenida compuesto por Agi, Fer, Fernando y Migue recogieron a Eva en la parada de guaguas frente a la estación de tren. Todos juntos caminaron hacia el 21/3F2 de Montague Street. Hacía mucho frío en la calle, así que todos iban bien abrigados. Todos excepto Eva, que viniendo de Madrid no podía imaginar que a principios de octubre pudiera hacer un frío tan puto en ninguna parte. De este modo, Eva no encontró nada raro en que los demás fueran bien abrigados. Solamente al atravesar el umbral de la puerta del piso y ver a Anna, Boni y otros individuos que desconocía con suéter de lana y bufanda, se percato de que algo extraño ocurría en aquel lugar.
Pronto hubieron de descubrirle a Eva un truquito de El Iglú. Descorcharon varias botellas de vino tinto, abrieron botellines de cerveza y cantaron y rieron. Entonces, cuando todos estaban reunidos en la cocina, ocurrió algo espeluznante. Migue y Fernando sufrieron una metamorfosis sincrónica. Los ojos les hacían chiribitas mientras reían alocadamente, las bocas y los dientes se les habían puesto renegridos y lo peor: Fernando, en un arrebato de crueldad muy propio de él, había puesto un disco de Aaaaaaandy y Luuuucaaaasssssssssss!!!!!!!!!!!!! IEEEEEAAAAAAHHHGGGGGGGG!!!!!!!!!! Toma truquito!!!!!!!!!!!!!
En El Iglú hay astillas por el suelo. No camines descalzo.
En El Iglú no HABÍA agua caliente en la cocina. No uses muchos cacharros, que luego hay que fregarlos.
En El Iglú hay una bombilla por habitáculo y no iluminan una barbaridad. Orienta tu cuerpo de modo que no haga sombra sobre la tabla cuando piques pimientitos por la noche. En El Iglú se estila mucho el flexo.
En El Iglú los cacharros de la cocina no tienen asa. Cógelos con un pañito.
En El Iglú la ducha tiene truquito. Aprieta pa'dentro y gira la perilla.
En El Iglú los muebles no son de este siglo ni bonitos. Sé práctico, no pijotero.
En El Iglú hay una bola de espejos en la cocina. No preguntes.
En El Iglú no HABÍA portero porque estaba estropeado. Entra por el pasadizo subterraneo que no tiene puerta y sube un pisito más.
En El Iglú HAY portero. Habla tanto como quieras, pero entra por el pasadizo subterraneo, que el botón de abrir no funciona...
Pero sobre todo: En El Iglú NO HAY calefacción. CA-GA-TE DE FRIIIIIIO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
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