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14 febrero 2015

El Trance


Desaparezco con cada segundo.
Los árboles, los peces y el río.
Desaparecen.
De la montaña baja el agua surcando la roca.
Desaparece la roca.
Y no hay nada en este mundo que permanezca.
Todo desaparece, se desvanece por más que el sol nos amanezca.
De mi pecho huye el lamento.
Desaparece.
De mi vida me voy.
Desaparezco.
He visto las plumas del águila tiradas en el fango ser pisoteadas por el hombre.
El hombre desaparece.
Las notas de mi piano desafinado caen en el silencio al final de la melodía. 
Nada es perpetuo.
El amor muere, el amor se mata.
Desaparezco.


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04 marzo 2012

Para el Amor (Iván...)

Me muero de muerte herido. Me desangro en un charco que duele como la sequía. Esta noche entre pajas de establo la paso como otra cualquiera. Y otra noche pasa y otra noche me seco. Me muero de muerte herido y la muerte bebo. La muerte que viene, la misma muerte que espero y la muerte que deseo. A tu lado. Y cuando no haya muerto moriré por ti. Y cuando muera resucitaré por ti. Y si tú has muerto visitaré tu esqueleto seco de huesos. Y al mirar tu calavera siempre te veré sonriente. Porque tu sonrisa es lo único que me calma este dolor de muerte. Con tus dientes me sonríes esta ancha herida. Me desangro de alegría. Te veo y te miro, te miro y te veo. Cuando muera, entierrenme muy hondo. Cerca del centro de la tierra o en Australia, pero en un agujero profundo. Que no pueda salir. Que me halle siempre aquí tras la muerte que tú me has dado. Celestial entierro. Muerte digna de mí. Tú. Y te beberé, seco, áspero y muerto. Y al beberte gritaré tu nombre que nadie sabe. Y al gritarlo lo escucharé como la sorda que nunca se escuhó hablar. Y al oirme volveré a morirme en tu nombre. Y junto a tu esqueleto, mis gusanos desearán ser los tuyos. Porque yo te amo muerto. Gracias a la vida que me ha dado tanto! Un lunar me ha dado. El tacto que te toca. La piel seca pero viva. Y la muerte dulce embotellada en un frasco. El sabor de un pescado al horno que huele porque tú existes. El pescado que ha muerto para que yo también pueda morir a tu lado. Y si te canto, no me hagas caso. No me escuches cuando grito. Déjame morir de muerte herido. Mátame si es preciso. Porque te quiero más allá del oceano. Porque flotando en tierra firme te desconozco y te adoro. Porque tiemblan mis manos al escribirte. Porque Los Secretos me intoxican. Déjame morir así. Quiero sangrar tras el cristal de una ventana rota por la que escape volando a buscarte en mi sueño. Y goteando iré a decirte que te quiero. Y embriagado te diré que ha sido un accidente. Que me he cortado al afeitarme. Que sólo me muero por ti ante el espejo. Y cuando me mire las uñas veré mis dedos. Y al verlos veré mi esqueleto. Y ya nunca veré nada más. La muerte me cegará. Y te cegará a ti también. Pero la muerte será sorda. Y yo seré el mudo. El teclado de mi ordenador es mi piano. La música que compongo es para ti. Y la muerte que muero es la tuya. Sólo quiero que sepas que seré el gusano que te coma las entrañas en tu casa bajo tierra. Sólo quiero que sepas que las moscas son mi amor. No las mires mal. Las moscas son mi amor. Y si te quiero es porque tú naciste. Y si te quiero es porque tú viniste. Y si te quiero es mi problema. Aún, cuando las campanas suenan recuerdo tu aliento. No te confundas si susurro tu nombre muerto. A veces me equivoco. Sólo dos letras necesito para confundirme y gritar tu nombre. Y los puntos suspensivos se me hacen tan cortos... Y te digo, y te nombro, y te vuelvo a nombrar. Deben ser tus ojos oblicuos. Tú párpado. Yo también sería párpado para proteger esos ojos. Porque tu muerte es mi muerte. Por eso vivo. Para que tú no mueras. Para que si te mueres, poder comerme tu carne que nunca tuve. Para que si te mueres, morirme de amor contigo. Para que si te mueres ser mosca. Mosca enamorada. Zumbar tu nombre en canciones en inglés. Zumbar tu nombre muerto de muerta y morirme en un zumbido. Verte sonreir. No te rías, por favor. No me ametralles con tu risa. Se hace oscuro y mi piano desafina. Sólo quiero morir tranquilo... sin haberte amado, ni muerto ni vivo.

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15 febrero 2011

Perspectiva de un ateo humilde.

Escrito aproximadamente entre 1998 y 1999.


Cuando la carne se haya podrido
Y la osamenta se diluya en la tierra
Como un eco en el silencio,
Así, habrá acabado por fin nuestra existencia.

Y los que llaman alma al pensamiento,
Al conocimiento o la consciencia,
No sabrán nunca que lo que en vida no fue hecho,
Será reciclado con el resto:
Sus cuerpos inertes y sus vacías cabezas.

Mas todas quedarán huecas.
La del filósofo, la del necio, la del cura y el poeta,
La del rey, la del ignorante…
Y no se volverán a llenar.
Ni siquiera aquellas que por siempre
Carecieron de relleno o pensamiento interesante.

Ya no habrá más reencuentros,
Ni más sentimientos, ni más sensaciones.
Por eso aconsejo, libre de cualquier vanidad,
A aquel que anhele ser recordado,
Que viva con intensidad
Y procure dejar legado.
Pues si lo segundo lo pierde la humanidad,
Lo primero será su consuelo
En el momento de olvidarse de sí mismo.

Y para todo aquel que desee ser feliz,
Simplificaré mi consejo
Recomendándole tan sólo hacer lo primero.
Porque ¿ de qué servirá que nos recuerden
Si nosotros mismos no podremos hacerlo?

El espacio en nuestras mentes se llenará de vacío;
Nuestros oídos percibirán el más puro silencio;
Nuestros ojos se embeberán del negro más oscuro;
Ya por siempre mudas, nuestras lenguas
Saborearán el agua, límpida, impoluta, en su plena esencia;
Olerán las narices con la respiración contenida;
Y las manos, vacías, se sumirán en una búsqueda perpetua.

¿ No son éstos motivos suficientes para considerar
La muerte un gran alivio y la vida un tesoro?

Sin embargo muchos se niegan a aceptar
Que lo único inmortal será la carne,
Arrastrada en la corriente del reciclaje de la materia;
Que al morir el cuerpo, morirá la consciencia;
Que no hay almas sin cuerpo, sólo cuerpos sin alma.

No es a esos que se empeñan
En poner nombre propio a la energía,
A quienes yo me refiero,
Pues es costumbre de los hombres hacer esto.

Me refiero a aquellos que se ofuscan, cobardes,
En otorgarle voluntad al Infinito aleatorio,
Que lavan sus consciencias otorgándole
Su propia voluntad,
Incapaces de concebir para sí mismos un final.
También a los temerosos que no recuerdan
Su inexistencia antes de su concepción.

A éstos y a quienes escucharme quieran
Les diré lo siguiente:
El universo es infinito en dimensión
Y en tiempo, en energía y en materia;
Ignorante, desconocedor de su propia existencia.
Aceptemos esto para poder aceptar
Para nuestras ideas y nuestra mente,
Para nuestro cuerpo y nuestra alma,
Un final definitivo cuando nos llegue la muerte.


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